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La 'Operación D' significa una patada al tablero. Una reorganización de las fichas. El anterior escenario -Uribe popular vs. oposición minoritaria- era paralizante y dejaba todos los ases en manos del Presidente. El nuevo panorama -reelección vs. anti-reelección- es más fluido. El principio de alianza entre Gaviria y Garzón, y la posibilidad de nuevos acercamientos así lo demuestra. Y aunque en la raíz de estos movimientos hay una concepción esencialmente mecánica, el debate puede ampliarse a temas en los que no todas las banderas favorecen al Gobierno.
Los planteamientos recientes del ex presidente Gaviria incluyen consideraciones sobre la vigencia de la democracia -"el autoritarismo en América Latina siempre ha sido muy popular pero siempre ha terminado mal"- y la sostenibilidad del crecimiento económico, que tienen acogida incluso entre simpatizantes del Gobierno. No en vano el propio vicepresidente Francisco Santos ha dicho que "Gaviria sería un gran heredero de Uribe".
En síntesis, la 'Operación D' tuvo un arranque impetuoso y encaja en un momento político en que al Presidente le llega la hora de decir, en público, si aspira o no a una nueva reelección. Sin embargo, el banderazo ha mostrado más buenas intenciones que profundidad. Falta mucho detalle por ajustar. La idea de una consulta entre los sectores anti-reeleccionistas para escoger un solo candidato -modelo similar al de la concertación chilena- tiene todo tipo de obstáculos políticos, logísticos y legales. Sin embargo, más allá de la mecánica, es un hecho que el proceso político cambió y que en el nuevo escenario hay más protagonistas y temas. El acto final está por escribirse y se anticipa mucha acción.