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En este sentido, poco a poco han ido surgiendo más voces entre los uribistas triple A que consideran que una segunda reelección afecta la institucionalidad y tiene efectos negativos en la comunidad internacional. Las senadoras Gina Parody y Martha Lucía Ramírez son unas de ellas, lo mismo que la del ex ministro Fernando Londoño y El Colombiano de Medellín, que en reciente editorial rechazó la idea. Pero tal vez una de las más contundentes y más reconocidas es la de Luis Carlos Villegas, presidente de la Andi, quien en entrevista con Yamid Amat el domingo pasado en El Tiempo, expresó claramente su desacuerdo con la reelección. "No hay que confundir la gran admiración que el sector privado le tiene a Uribe con el peligro de alargar su período más allá de lo aconsejable", dijo.
No solo los empresarios sino la abrumadora mayoría del país consideran, sin duda, que ha sido el mejor Presidente que hemos tenido. Pero eso no quiere decir que no haya la renovación que muestre un funcionamiento institucional".
Estas declaraciones tienen significado especial porque Villegas no solo encabeza el gremio de los industriales, consentido por el Presidente, sino porque ha sido uno de sus aliados más cercanos. Sus puntos de vista son compartidos, además, por la mayoría del prestigioso e influyente grupo de empresarios que reúne Proantioquia, que reconocen la exitosa gestión del Presidente pero creen que su prolongación en el poder no es conveniente ni necesaria por las mismas razones expresadas por Villegas.
Así las cosas, hay muchos sectores que coinciden en lo fundamental con lo que piensan Gaviria y Garzón, que insisten en que la coalición contra la reelección no es una cruzada anti-Uribe, muy poco rentable en términos políticos, sino en defensa de las instituciones democráticas.
¿Habrá futuro?
Hasta hace poco resultaba impensable una alianza de Gaviria y 'Lucho', pues eran considerados el agua y el aceite en materia política. Ahora, desde un punto de vista eminentemente práctico, no ideológico, esa emulsión del agua y el aceite no garantiza, sin embargo, que haya mucho que ganar con una propuesta que, no importa cuánto insistan en que no es contra Uribe, la gente la interpreta así. Difícil tarea frente a los inamovibles índices de popularidad del Presidente. Según las encuestas, político que se opone a Uribe, sale mal librado.
Gaviria y Garzón lo saben. El ex Presidente salió damnificado cuando, entre 2005 y 2007, asumió una actitud más crítica frente al Gobierno: su imagen negativa subió a cerca del 50 por ciento, según la serie bimestral de Invamer-Gallup, y en 2008, cuando se acercó al Presidente a raíz de la crisis diplomática con Venezuela y Ecuador, la percepción favorable llegó a 44 por ciento, 11 puntos por encima de la desfavorable.
Garzón, por su parte, ha mantenido niveles positivos de entre el 50 y 60 por ciento, y ha tenido bajo control la imagen negativa, cerca del 25 por ciento, desde su candidatura presidencial en 2002. Durante su Alcaldía asumió una posición de centro -criticada por sus compañeros del Polo- y su relación con el Gobierno Nacional fue más de cooperación que de confrontación.
Entonces, ¿por qué se van ahora lanza en ristre contra la reelección del Presidente y en términos tan duros como lo han hecho esta semana? ¿Para qué correr el riesgo de quedar encasillados en la impopular figura del anti-uribismo? ¿A la larga es viable una alianza tan frágil? Hay un elemento común en las respuestas a estas preguntas y es que no se trata de una convocatoria contra Uribe sino contra su segunda reelección. "Una coalición solo para atajar a Uribe sería muy odiosa", dice Gaviria. Desde Londres, donde se encuentra como parte de una larga gira internacional, el ex presidente Pastrana le hizo saber a César Gaviria que se sumaría a la causa con la condición de que no fuera "una coalición contra Uribe".
En los últimos años la política se ha concentrado en la polarización uribismo-oposición. Una división asimétrica, en una balanza claramente inclinada a favor del Gobierno. El Presidente ha copado todo el escenario político, ha tenido un sólido margen de maniobra y ha sido el principal protagonista de la vida pública.
Gaviria y Garzón, con su llamamiento anti-reelección, están cambiando el terreno de juego. Una nueva polarización, entre quienes apoyan un tercer cuatrienio de Uribe y los que quieren frenar la reelección, es mucho más equilibrada que la anterior, sobre todo porque hay uribismo anti-reeleccionista. Para el jefe de Cambio Radical, Germán Vargas Lleras, que se apartó del Gobierno en la reforma política, el nuevo escenario puede resultar más conveniente que el anterior, pues le permitiría jugar en la coalición anti-reelección. Igual sucede con el Partido Conservador, en el cual hay sectores que consideran que su mejor apuesta estratégica para preservar su identidad sería tener candidato propio en 2010.