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EL NOMBRE DEL COMISIONADO de Paz, Luis Carlos Restrepo, ha estado en boca de amigos y contradictores del Gobierno en las últimas semanas. El presidente Hugo Chávez dice que Restrepo es el comisionado de la guerra; la presidenta del Senado, Nancy Patricia Gutiérrez, sostiene que ya cumplió su ciclo; los jefes paramilitares desmovilizados lo hacen blanco de sus críticas; pocos son los liberados que le reconocen su gestión. No faltan los que piden su cabeza y hasta en la Casa de Nariño Palacio algunos verían con buenos ojos su relevo.
No obstante, es evidente que goza de la confianza del presidente Álvaro Uribe, quien lo ha respaldado pese a que desde 2002 no ha sostenido un solo contacto directo o indirecto con las Farc. Ahora, a propósito de la emergencia originada por el deterioro de la salud de Íngrid Betancourt, Restrepo ha salido a enfrentar a quienes acusan al Gobierno de ser una piedra en el zapato para el intercambio humanitario. El Comisionado habló con Elizabeth Yarce sobre el despeje, el computador de Reyes, los secuestrados, el decreto de excarcelación masiva y otros temas de actualidad.
CAMBIO: En el prólogo de un libro que recopila escritos del ex presidente Alfonso López Michelsen sobre el acuerdo humanitario y la humanización de la guerra, el ex presidente Ernesto Samper dice que si el karma de Pastrana fue el Caguán y el proceso 8.000 el de él, el de Uribe es el acuerdo humanitario. ¿Qué opina?
LUIS CARLOS RESTRESPO: El ex presidente Samper vive opinando sobre estos frentes y le reconozco su buena voluntad, pero realmente las fórmulas que plantea por lo general no son ni oportunas ni viables. De hecho, hoy estamos en el del acuerdo humanitario por los fracasos de la Fuerza Pública durante su gobierno. Los miembros de la Fuerza Pública que hoy siguen en poder de las Farc cayeron en sus manos en un momento en el que prácticamente la institucionalidad del país se disolvió. No olvidemos que este es un acumulado de una mala política de seguridad durante el Gobierno de Samper. Las propuestas hay que hacerlas con memoria histórica.
¿El acumulado es sólo del Gobierno de Samper? El Presidente no desperdicia ocasión para cargarle responsabilidades a Pastrana...
A mediados de los años 90, los grupos armados ilegales crecieron en forma exponencial y esta situación nos tocó recibirla a nosotros. Aquí se había perdido la moral y la voluntad de lucha, precisamente porque no recibían señales claras por parte de los gobiernos y los dirigentes políticos. La política de seguridad democrática corrige profundos errores en la dirección de la Fuerza Pública. Estamos corrigiendo los errores que cometieron en gobiernos pasados.
¿Por qué la intransigencia frente al despeje de Florida y Pradera? Si hay tanta seguridad democrática ¿qué puede perder el Gobierno? ¿No sería más bien una demostración del éxito de la política de seguridad democrática?
Tenemos cerca de 600 demandas de ciudadanos por lo que hicieron las Farc en la antigua zona de distensión. Colombia es el único país donde a algunos les parece lógico que para negociar la situación de 50 secuestrados con un grupo terrorista, se le entregue como rehenes a los habitantes de las poblaciones despejadas. El año pasado, con la desmovilización de numerosos milicianos en Florida, nos dimos cuenta de que no recibían instrucciones para alentar la paz, sino que hacían labores de inteligencia en los sitios públicos y un inventario de casas que las Farc se proponían comprar. Fueron adoctrinados contra el presidente Uribe y eventualmente debían atentar contra él y otras personalidades. También tenían un plan para penetrar en la población una vez se diera el despeje. Las Farc utilizan el tema de la paz en una estrategia que es un plan de guerra.
¿En ese sentido encontraron algo concreto el computador de Raúl Reyes?
El computador de Reyes muestra que las Farc estaban dedicadas a consolidar su plan estratégico, que diferencian de las acciones humanitarias y de paz. Se trata de un movimiento táctico dentro del plan estratégico, que es básicamente de consolidación militar, territorial y de alianzas políticas a nivel nacional e internacional. Aunque presentan el despeje y el reconocimiento de la beligerancia como un camino hacia la paz, lo que en realidad buscan es fortalecer su plan militar. Cuando en el computador hablan de los contactos con gobiernos extranjeros, los ubican en los planos militar y estratégico.
Pero la situación ha llegado a limites extremos y el desgaste es enorme. Llevamos seis años enfrascados en el tema que se convirtió en un punto de honor para el Gobierno y para las Farc. ¿Y los secuestrados qué?
Nosotros no podemos responder por las Farc. A ellos no les interesa tanto lo humanitario como el control de un territorio y por eso su persistencia en un despeje militar. Creo que el modelo a seguir es el de la zona de encuentro que nos presentaron Francia, España y Suiza en diciembre de 2005. Es la mejor propuesta en la historia hecha a las Farc y al Gobierno para adelantar unos diálogos.