Se busca Canciller

Aunque Colombia salió bien librada en la Cumbre de Río, analistas consideran que la Cancillería no jugó un papel importante. Foto: AP

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EL MIÉRCOLES 5 DE MARZO, cuando la crisis diplomática con Venezuela, Ecuador y Nicaragua alcanzaba el nivel más alto y Colombia parecía arrinconada por haber atacado el territorio de un país vecino para abatir a Raúl Reyes, el número dos de las Farc, el presidente Álvaro Uribe les dijo a sus más cercanos colaboradores que, muy a su pesar, había decidido producir un cambio en la Cancillería y relevar a Fernando Araújo.

Según explicó el mandatario, la gota que rebosó la copa fue un comentario que hizo Araújo en una reunión en la Casa de Nariño, en el que dio a entender que estaría de acuerdo con el despeje de los municipios de Florida y Pradera para allanar el camino del intercambio humanitario con las Farc. Antes de salir hacia su despacho, donde lo esperaban varios empresarios que le habían solicitado audiencia, Uribe sugirió empezar a buscar candidatos para el cargo.

Mucha agua pasó por debajo del puente en las siguientes horas y al finalizar el viernes, luego de la ambigua declaración del Consejo Permanente de la OEA, que se abstuvo de condenar a Colombia, y de la acalorada contienda verbal entre Hugo Chávez, Rafael Correa, Daniel Ortega y Uribe en la cumbre del Grupo de Río en República Dominicana, quedó la sensación de que el Gobierno colombiano había logrado sortear el más duro trance diplomático de su historia reciente.

Conjurada la crisis, los columnistas de los principales medios de comunicación se dedicaron al tema y destacaron el débil papel que jugó la Cancillería en el desenlace de la crisis y la manera como Uribe se enfrentó a sus detractores en una tensa jornada transmitida en directo por televisión. Llovieron críticas, sobre todo, a la negociación de la declaración del Grupo de Río que fue muy dura contra Colombia y en la que Ecuador, de alguna manera, logró todo lo que no había alcanzado en la OEA.

En plata blanca, al canciller Araújo no le fue bien. "Al equipo de la Cancillería en Bogotá ni siquiera lo consultaron durante la crisis -escribió Claudia López en su columna de El Tiempo-. Al Canciller apenas lo usaron para leer comunicados". Más ácido aún fue el abogado Ramiro Bejarano, quien en su columna dominical de El Espectador dijo: "Ecuador y Venezuela quién sabe qué actitud asumirán en sus territorios fronterizos. Pero para tranquilidad nuestra, en la Cancillería seguirá la figura incompetente de Fernando Araújo, cuya voz no se oyó en esta emergencia". Por su parte, un funcionario diplomático europeo acreditado en Bogotá le dijo a CAMBIO que la exposición que hizo el Canciller ante el cuerpo diplomático para explicar la posición de Colombia en la crisis, había dejado una sensación de improvisación y desconocimiento del tema.

Es posible que estos y otros cuestionamientos y críticas frenen la decisión del Presidente, y opte por dilatar el asunto para no entregarles a sus detractores la cabeza de Araújo, pero lo cierto es que la diplomacia colombiana necesita un nuevo aire y Uribe y su equipo de gobierno lo saben de sobra.

La crisis con Ecuador, a la que se sumaron Venezuela y Nicaragua por el bombardeo al campamento donde se refugiaba Reyes, tomó al país con la defensa abajo. Mientras Ecuador y Venezuela adelantaron una intensa actividad diplomática para lograr la condena de Colombia en diferentes escenarios internacionales, el trabajo desplegado desde Bogotá para equilibrar las cargas fue discreto. Las embajadas en España y Chile están acéfalas y la de Inglaterra tiene embajadora, Noemí Sanín, que no ha asumido el cargo porque en ese país la entrega de credenciales, toda una ceremonia porque constituye el bautizo oficial de un embajador, toma meses. A la de Brasil, clave por estos días, apenas acaba de llegar el político caldense Tony Jozame.

La sensación que existe en el alto Gobierno y en buena parte de la opinión calificada es que a Uribe le está saliendo cara la designación de Araújo en la Cancillería. Que su misión está cumplida y su ciclo, terminado. Su nombramiento fue una jugada magistral porque le permitió al Gobierno superar la difícil coyuntura del retiro de María Consuelo Araújo, y porque Araújo causó un enorme impacto, en Colombia y en el exterior, con su testimonio sobre los seis años de secuestro a manos de las Farc. 

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