Apuesta audaz

El martes 4 de marzo, a la salida de la casa de Gloria Polanco, el presidente Uribe hace pública la denuncia contra Hugo Chávez por patrocinar a genocidas. Foto:AP

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LA EUFORIA COLECTIVA que produjo la noticia del golpe contra Raúl Reyes en la madrugada del sábado 1 de marzo, en cuestión de horas se fue transformando en asombro, incertidumbre y hasta temor a medida que se desataba la peor crisis diplomática en muchos años.

Las reacciones de los presidentes de Venezuela, Hugo Chávez y de Ecuador, Rafael Correa, fueron subiendo poco a poco de tono y significado, hasta llegar a dibujar un panorama crítico: Ecuador rompió relaciones diplomáticas, Venezuela cerró su Embajada en Bogotá y expulsó a todos los funcionarios de la de Caracas, y las dos fronteras vecinas fueron militarizadas. Los movimientos de tropa y la guerra verbal hicieron pensar que el peor desenlace -un incidente militar- era más factible de lo que parecía. En todo el mundo se hicieron pronunciamientos que reflejaban esa incertidumbre e hicieron llamados a la calma, pero en general fue cuestionada la incursión de tropas colombianas en territorio ecuatoriano.

Nunca antes en su historia, Colombia había vivido un momento tan delicado en sus relaciones exteriores. La primera declaración de Correa, el sábado, fue tranquila, y en la tarde el canciller Araújo le presentó al presidente Correa excusas por la operación militar en Ecuador. "Colombia nunca ha tenido la pretensión o la disposición de irrespetar o vulnerar la soberanía o la integridad de la hermana República del Ecuador", dijo el Canciller.

El domingo, en Caracas, se desató la bola de nieve de una crisis internacional. La diplomacia del micrófono volvió a brotar con una cascada de declaraciones que fueron subiendo en pugnacidad y agravios. En su habitual programa, Aló Presidente, el mandatario venezolano censuró la operación militar y en un energúmeno discurso descalificó al Gobierno colombiano por violar la soberanía ecuatoriana. "No se le vaya a ocurrir hacer eso por estos lados presidente Uribe -dijo Chávez-. Si usted hace eso sería causa de guerra".  La palabra guerra, en labios de un Presidente, va mucho más allá de un simple incidente cotidiano.

La agresividad de Chávez fue in crescendo: le dijo a Uribe "mafioso y terrorista",  "lacayo del imperialismo", y afirmó que la muerte de Reyes era una bofetada para la paz de Colombia. Autorizó, incluso, un minuto de silencio por "un gran revolucionario" y de inmediato dio instrucciones a sus ministros para movilizar 10 batallones a la frontera y cerrar la Embajada de Venezuela en Bogotá.

Al ataque

Pocas horas después, el Gobierno de Rafael Correa, replicando a Chávez, llamó a consultas a su embajador en Colombia, Francisco Suescum. Correa cambió su inicial actitud cautelosa, se declaró engañado por el Gobierno colombiano, anunció que iría hasta las últimas consecuencias para que se aclarara el "escandaloso hecho", que consideró una agresión a su país, y ordenó la expulsión del cuerpo diplomático colombiano en Quito, encabezado por Carlos Holguín. 

En la noche, y mientras las declaraciones desde Caracas y Quito subían de tono, en la Casa de Nariño se realizaba un consejo extraordinario de seguridad para analizar las primeras informaciones extraídas de tres computadores portátiles hallados durante la operación militar y cuyo propietario era Reyes.

A las 9:45 p.m., en cabeza del general Óscar Naranjo, director de la Policía, el Gobierno cambió el discurso y el tono que había utilizado el canciller Araújo, y pasó a la ofensiva: exigió explicaciones al presidente Correa por los aparentes contactos de su ministro de Seguridad, Gustavo Larrea, con el desaparecido jefe guerrillero.

El lunes, la tensión siguió subiendo. En rueda de prensa, el director de la Policía dio a conocer datos obtenidos de los computadores de Reyes que comprometían a funcionarios de los gobiernos de Ecuador y Venezuela con la cúpula de las Farc. En Quito, el ministro Larrea respondió que todo era de una cortina de humo para esconder la incursión bélica de Colombia en su país. Y en Caracas, el ministro del Interior, Ramón Rodríguez Chacín, atizó la hoguera y en presencia de los miembros de la Asamblea Constituyente, descalificó al general Naranjo y lo tildó de mentiroso y narcotraficante.

El martes, mientras el presidente Correa iniciaba una gira por Latinoamérica para explicar la agresión colombiana, la confrontación dio un nuevo giro. Esta vez, la disputa la avivó el presidente Uribe, quien denunció que el comandante de las Farc, Iván Márquez, tendría un campamento en territorio venezolano y anunció que acusaría a Chávez de patrocinio y financiación de genocidas ante la Corte Penal Internacional. En horas de la tarde, en Washington, se llevó a cabo una sesión extraordinaria del Consejo Permanente de la OEA, convocada por Ecuador, que se extendió hasta la madrugada y tuvo que ser retomada el miércoles en la mañana. La embajadora de Ecuador, Isabel Salvador, pidió convocar una reunión de cancilleres, una declaración de condena a Colombia por violación de la soberanía de su país, y una comisión para investigar los hechos. Colombia aceptó el encuentro a nivel de ministros, pero intentó bloquear la declaración y propuso un grupo de trabajo para explorar salidas de tipo diplomático y político.

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