LA TENSA situación de los últimos días confirma la urgencia de gestar una nueva Contadora para el espacio crítico del área andina.
La iniciativa del Grupo de Contadora para América Central (México, Colombia, Venezuela y Panamá) y el Grupo de Apoyo (Argentina, Brasil, Perú y Uruguay) contribuyó, durante los 80, a evitar una confrontación en esa región y a promover la paz.
La gestación de esa alternativa diplomática se sustentó en cuatro aspectos: primero, la soberanía real de esos países y el principio de no intervención estaban plenamente vulnerados por la acción de actores estatales y fuerzas no estatales, tanto hemisféricas como extra-regionales. Segundo, el potencial efecto dominó de una crisis descontrolada afectaba intereses vitales de varios países de América Latina. Tercero, Estados Unidos se había transformado en un protagonista que erosionaba soluciones negociadas. Y cuarto, la cooperación activa era concebida en muchas capitales de Latinoamérica como la única vía para descomprimir la alta conflictividad en el istmo.
La situación hoy de Colombia y en los países vecinos comparte todos estos supuestos. Un esquema similar para el área andina exigiría además que las naciones que la emprendan compartan algunas premisas básicas. Primero, que posean un diagnóstico realista sobre lo que acontece en el mundo andino, en general, y en las relaciones colombo-venezolanas, en particular: si se trata de conjugar juicios muy distintos se correrá el riesgo de la parálisis y la fractura.
Segundo, que haya un consenso explícito acerca de que el resultado efectivo que se persigue sea alcanzar una mejor calidad democrática en el área, la paz entre los Estados y la resolución negociada del conflicto armado colombiano: eso implicará ajustes internos muy delicados en los países; en especial, en Colombia y Venezuela. Tercero, que el desarrollo político de esta iniciativa se defina en términos positivos: no se trata de ser anti-Chávez, anti-Uribe o anti-Estados Unidos, sino de ofrecer y desplegar un arsenal de instrumentos de comunicación y acuerdo a las partes. Cuarto, que la concurrencia en esta nueva Contadora sea plural en lo ideológico y lo geográfico: Cuba, Brasil, Panamá, México, Chile y Argentina debieran unir esfuerzos.
Quinto, que opere con la consigna de que independientemente del origen de las fricciones externas e internas del mundo andino, hay un hilo conductor: el negocio ilícito de las drogas y la eventual consolidación de una pax mafiosa en distintos ámbitos territoriales. Y sexto, que se produzca, de alguna manera, una distribución de responsabilidades acorde con los intereses en juego de los países participantes y su peso específico en Suramérica: las naciones inmediatamente fronterizas, como Brasil, tendrán que asumir un rol clave.
La coyuntura en el arco superior de los Andes es de enorme sensibilidad y cercana a una fuerte turbulencia. Estamos ad portas de una escalada violenta en las relaciones entre Bogotá y Caracas-los dos países más pertrechados del área andina. El conflicto armado colombiano va camino a una internacionalización negativa. Los países de América Latina deberían procurar que la diplomacia se imponga. Una nueva Contadora es una opción urgente y pragmática.
POR JUAN GABRIEL TOKATLIAN,
profesor de Relaciones Internacionales