Por Arlene B. Tickner, del Iepri, U. Nacional.
COMO NUNCA ANTES,el país se quedó sin un norte claro para proyectarse efectivamente hacia el mundo.
Es insólito que en uno de los peores conflictos diplomáticos que haya vivido Colombia, la vocería del Estado haya quedado en manos de un miembro de la Fuerza Pública. En contraste, la ausencia del Canciller y de los embajadores en Ecuador y Venezuela, como figuras que deberían haber encabezado el manejo de incidentes como este, dice mucho y es deplorable.
Una de las lecciones que deja esta crisis es que Colombia se ha quedado, una vez más, sola en el Hemisferio. El giro hacia la izquierda que experimenta América Latina, el carácter monotemático de la "diplomacia" del presidente Uribe y su desprecio por las reglas de juego internacionales, se han conjugado para aislar al país de muchos de sus socios naturales. La soledad colombiana fue evidente en la reunión de la OEA. En contraste, el respaldo único brindado por los Estados Unidos sugiere que Colombia es cada día más dependiente de la potencia.
La pregunta obvia es qué hacer ante esta hecatombe. No es conveniente seguir echando gasolina a la hoguera para apagar el fuego con pruebas cuya veracidad no puede ser judicialmente corroborada. Rodear al presidente Uribe en defensa de la "dignidad" colombiana, como lo han hecho casi todos los sectores de la vida nacional, puede satisfacer a la galería local pero no contribuye a la búsqueda de soluciones viables a la situación actual. Gústenos o no, una salida diplomática tendría que comenzar por el reconocimiento de que Colombia entró al Ecuador sin el consentimiento del vecino país, para lo cual el Gobierno debería simplemente admitir su error.
Segundo, es fundamental establecer una distinción entre Rafael Correa y Hugo Chávez. Los esfuerzos colombianos por mostrar al presidente ecuatoriano como un aliado de las Farc constituyen un grave error. Si Colombia quiere recuperar su relación con el Ecuador debe hacerle saber que su reclamo por la violación de su territorio es legítimo y que es interés de ambos restablecer la relación bilateral. De lo contrario, es probable que se fortalezcan los vínculos ecuatorianos con Venezuela, pese a la distancia que el presidente Correa ha querido tomar frente al Gobierno de Chávez.
Tercero, el imperativo estratégico de Colombia ante Venezuela debe ser el aislamiento de Chávez a través de una fuerte actividad diplomática para contrarrestar el carácter agresivo de su gobierno. Países como Brasil, Cuba y México, entre otros, pueden desempeñar un papel clave en este proceso. En lugar de contemplar la denuncia a Chávez ante la Corte Penal Internacional que, además de inviable escalaría y personalizaría el conflicto en vez de mitigarlo, el Gobierno colombiano debería hacer uso de la mediación que varios países latinoamericanos han ofrecido.
Una vez más es evidente la falta de una estrategia diplomática proactiva y eficaz. Superada esta crisis, y con cabeza fría, es menester evaluar los errores cometidos y diseñar una política exterior coherente que reconfigure el mapa de relaciones exteriores de Colombia.
POR ARLENE B. TICKNER,
del Iepri, U. Nacional.