Apuesta audaz

(Página 3 de 4)

También hay que tener en cuenta que algunos países latinoamericanos tienen diferendos y controversias pendientes con sus vecinos y que, en consecuencia y en defensa propia, no les conviene abrir puertas a intervenciones extranjeras. No por coincidencia, en el foro de la OEA el Gobierno colombiano se quedó prácticamente solo, con el apoyo de Estados Unidos, el aliado de los últimos años, el que comparte la obsesión antiterrorista, el que siempre ha estado a la defensiva en las discusiones sobre intervenciones indebidas. Poco antes de que se iniciara el debate en la OEA, el presidente George W. Bush hizo un contundente discurso en los jardines de la Casa Blanca para apoyar a Colombia.

En teoría, entonces, la ONU sería un escenario más receptivo para el discurso colombiano. Fue allí, en 2001, donde se adoptaron las resoluciones que obligan a todos los estados a tomar medidas contra el terrorismo. Varias resoluciones le conceden al Consejo de Seguridad mandatos para investigar a los países que no toman las acciones pertinentes para combatir a los que cometen actos terroristas, y establecen graves sanciones para los gobiernos que no cumplen. Colombia ha acudido a estos preceptos en los últimos días. En particular, a la resolución 1373 del Consejo de Seguridad, eje del discurso del embajador Ospina en la OEA.

El camino de la ONU, no obstante, también esta lleno de espinas. No todas las resoluciones encajan con el conflicto actual entre Colombia y Ecuador. Y, además, apelar a la 1373 o a cualquier otra instancia de Naciones Unidad podría ser utilizada para llevar la situación de Colombia al examen del Consejo de Seguridad. Un escenario lleno de peligros, pues la Cancillería de San Carlos no podría asegurar mayorías: hay países con posiciones divergentes a las de Colombia, como  China, Rusia y Francia, con poder de veto, y algunos podrían aprovechar para poner sobre la mesa otros temas -crisis humanitaria por población desplazada, trabajo infantil, violación de derechos humanos...- que complicarían aún más el panorama.

A la ofensiva

La posición internacional de Colombia, en síntesis, es delicada y así lo entiende el Gobierno. Por eso, según pudo establecer CAMBIO, a comienzos de esta semana diseñó una estrategia para cambiar la dirección del debate y la agenda de discusión. El Presidente considera que los canales diplomáticos son muy lentos e ineficaces y, en lugar de la defensa del operativo contra Reyes, adoptó la estrategia según la cual la mejor defensa es el ataque: el ataque a las Farc como grupo terrorista y genocida. Un discurso más judicial que político o diplomático, para poner en el banquillo de los acusados a Chávez y, eventualmente, a Correa.

Las instrucciones que recibió el embajador Ospina para su discurso en la OEA, igual que el ministro Juan Manuel Santos para el debate del martes en la noche en el Senado, fueron las de hacer énfasis en la presentación de pruebas: correos, videos, fotos... En fin, algo más parecido a un material probatorio para presentar ante un juez, que al discurso político que se presenta en los foros de la diplomacia.

El aspecto más audaz de esta estrategia fue el anuncio que hizo el propio presidente Uribe -quien ha asumido un bajo perfil y ha guardado silencio¿ de denunciar a Chávez ante la Corte Penal Internacional como protector de un grupo, las Farc, culpable de genocidio. Una propuesta osada que aunque expertos como el ex magistrado de la Corte Constitucional, Eduardo Montealegre, considera una alternativa factible y conveniente, otros consideran equivocada porque el delito de genocidio no está tipificado en el Estatuto de Roma que le dio vida a la CPI. Además, el alto tribunal de justicia está diseñado como complemento a los sistemas nacionales ( ver artículo de la analista Laura Gil).

Por otra parte, se han planteado otros interrogantes graves desde el punto de vista político: ¿Conviene elevar más el nivel de la confrontación? ¿Cuál es la utilidad de personalizar el conflicto con un personaje como Chávez?

El panorama es confuso, pero el presidente Uribe está tranquilo y confiado. Sus interlocutores de los últimos días lo han visto sereno. Al fin y al cabo, el origen de la crisis, por paradójico que parezca, es uno de los éxitos más grandes de su gobierno: la muerte del número dos de las Farc. La opinión pública, según encuestas, respalda su decisión de bombardear a Reyes: más del 80%. Los partidos políticos se han pronunciado en términos de respaldo y apoyo a la unidad nacional, y la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores aprobó una declaración -leída por el ex presidente liberal César Gaviria- en un sentido semejante

En el campo externo, si bien en la OEA Colombia estuvo arrinconada y en minoría, del brazo de Estados Unidos logró frenar una condena inmediata y ganó tiempo para terminar de cuajar su expediente antes de la reunión de ministros de relaciones exteriores. Un alivio para Uribe. Que no se puede confundir, sin embargo, con el fin de la crisis.

Página 3 de 4 « Anterior 1234Siguiente »
cerrar