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La candente reunión de la OEA y las reacciones internacionales dejaron en claro que por el operativo contra Reyes Colombia quedó contra las cuerdas del juego diplomático. Un pulso político que tiene dos puntos principales: la definición del conflicto que está entre manos y la escogencia del foro más adecuado para tramitarlo.
De los dos puntos mencionados, el de la definición del conflicto es el más crucial. Para Colombia, el apoyo de Venezuela y Ecuador a las Farc. Para Ecuador, la violación de la soberanía territorial del país por parte de las Fuerzas Armadas de Colombia.
Las posiciones
Esta fue la columna vertebral del debate en el seno de la OEA, donde los dos países presentaron argumentos fuertes para respaldar su posición. En el caso de Ecuador, el propio Gobierno colombiano aceptó haber traspasado la frontera: tanto el canciller Araújo, como el embajador ante la OEA, Camilo Ospina, han reiterado el ofrecimiento de disculpas al gobierno de Correa.
La posición de Colombia, sin embargo, también tiene un expediente muy sólido. Las revelaciones de los últimos días, derivadas de la información de los computadores de Reyes, demuestran que los gobiernos de Venezuela y Ecuador tienen vínculos con las Farc. No solo contactos informales o diálogos sobre la liberación de secuestrados, sino relaciones escandalosas que involucran apoyo financiero y una asociación para manipular a los plagiados que están en poder de las Farc en función de objetivos estratégicos comunes a la guerrilla y a los gobiernos de Ecuador y Venezuela.
Lo anterior es más evidente en el caso del Gobierno de Chávez que en el de Correa. Las comunicaciones entre este último y las Farc, según los sorprendentes correos que aparecieron en el computador de Reyes, no reflejan una relación de igual frecuencia, profundidad y cercanía como la de Chávez. Cabrían matices, como que sólo se hubieran establecido para buscar un acuerdo humanitario, o que hubieran sido más una decisión individual del ministro Larrea, de la cual no era totalmente responsable el Presidente. En los últimos meses, Correa había tenido gestos de acercamiento a Colombia y de diferenciación con Chávez, como destaca Socorro Ramírez, experta en el tema, en artículo para CAMBIO.
La debilidad de la posición ecuatoriana, sin embargo, no surge de los famosos computadores sino de la existencia del campamento de las Farc en su territorio. Todo indica que Reyes y su guardia personal se sentían totalmente tranquilos allí, lo cual indica que las Farc confiaban en que el límite terrestre servía como burladero para la ofensiva del Ejército colombiano. Y proteger a personas que forman parte de grupos terroristas es una violación directa de las normas que la comunidad internacional adoptó después de los ataques de Al Qaeda contra los Estados Unidos, el 11 de septiembre de 2001.
Por otra parte, si bien es cierto que desde hace años se habla de la presencia de miembros de las Farc en Ecuador, hasta ahora se había asumido que era clandestina e incluso desarmada. No es igual la captura de Simón Trinidad, vestido de civil en el centro de Quito en una cabina telefónica, que la de Reyes rodeado de escoltas, armas, computadores y teléfonos satelitales en un campamento permanente. Y Ecuador no se ha pronunciado sobre la violación de su soberanía por parte de las Farc. ¿No tiene responsabilidad un Estado que protege a un hombre con un prontuario como el de Reyes?
El escenario
Las posiciones de Ecuador y de Colombia tienen dónde sustentarse, pero no necesariamente ambas tienen la misma aceptación por parte de la comunidad internacional. Es aquí donde aparece el segundo punto estratégico de este ajedrez de alta política: el escenario más apropiado para tramitar la crisis. ¿Cuál es más favorable para Colombia?
Las dos opciones más evidentes, desde el punto de vista multilateral, son la OEA y la ONU. En la OEA, los argumentos de la inviolabilidad del territorio y la protección de la soberanía pesan mucho. Son casi la razón de ser de la organización. La letra y el espíritu de la Carta de la OEA son defender la soberanía territorial de los estados, y la tradición de 60 años está llena de episodios en que la no injerencia y la no intervención de otros en los asuntos internos han sido la columna vertebral. Por eso Colombia, a pesar de la inteligente defensa que hizo el embajador Camilo Ospina en la reunión del Consejo Permanente el martes, estuvo a la defensiva, y Ecuador casi logra la aprobación de una resolución inmediata de condena contra el Gobierno de Uribe. Países neutrales o cercanos a Colombia como Brasil, Chile y México, no podían respaldar la posición de Ospina sin abandonar principios y políticas que han sostenido durante años.
El grupo de Contadora es un buen ejemplo de lo que puede hacerse ahora en la crisis andina.