Así cayó 'Raúl Reyes'

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El contacto con el informante de las Farc fortaleció con el paso de los meses y la información sobre los desplazamientos, esquemas de protección y personas de confianza de Reyes, así como de sus cada vez más frecuentes viajes a territorio ecuatoriano se fue haciendo más precisa. Con base en ellas, el comando secreto  de la Policía desarrolló cuatro operaciones contra Reyes, que fracasaron a última hora debido a su gran habilidad para cambiar de itinerario o cancelar reuniones. Las tres primeras pasaron inadvertidas, pero la cuarta llegó a oídos de los medios de comunicación que incluso mencionaron la posible muerte del vocero de las Farc  en un intenso bombardeo en la zona selvática de Teteyé.

No obstante que las autoridades le tenían pisados los talones, Reyes no abandonó la región pero optó por refugiarse en campamentos móviles construidos en la selva ecuatoriana, no lejos de la frontera con Colombia.

La suerte está echada

Desde agosto del año pasado, las reuniones con Reyes se llevaban a cabo en esa zona. Hasta allí viajaban los periodistas para entrevistarlo y allí en septiembre recibió a la senadora Piedad Córdoba para hablar sobre la liberación de los secuestrados. La primera escala era Quito, luego había que viajar por tierra a Tulcán y de ahí a la zona selvática donde despachaba Reyes. Debido a las extremas medidas de seguridad adoptadas por los guerrilleros del frente 48 encargados de su protección, a que cambiaba de campamento con frecuencia y a que evitaba estar en territorio colombiano, los agentes de la Dipol perdían con frecuencia la pista de Reyes.

Pero todo cambió el domingo 17 de febrero cuando el informante, que había dejado de reportarse por la dificultad para llegar a la frontera y entrar en contacto con el agente de la Dipol, volvió a aparecer. El encuentro clandestino en una casa de Puerto Asís, sellaría la suerte de Reyes.

El delator reveló que el jefe guerrillero se iba a instalar durante varios días en un campamento cercano a la frontera y sacó un papel del bolsillo del pantalón donde estaba escrito el número del teléfono satelital que usaba Reyes para sus comunicaciones. Al término de la reunión, el guerrillero se comprometió a reportarse con mayor frecuencia y a advertir cualquier cambio en el itinerario del comandante.

El coronel no perdió tiempo, buscó a los policías ecuatorianos y les reveló lo que el informante había contado, y luego entró en contacto con el agente de la CIA y le dio el número telefónico satelital, que empezó a ser monitoreado por la agencia de inteligencia estadounidense.

Tal como había contado el informante, Reyes y cerca de 35 personas se instalaron en el campamento, construido de tiempo atrás. Pocos días después, el informante confirmó a los agentes encubiertos que el jefe guerrillero pasaría allí unos días y el agente de la CIA entregó las coordenadas con la localización exacta del campamento. El coronel de la Dipol viajó de urgencia a Bogotá y le informó al general Naranjo que el número dos de las Farc estaba localizado, pero en territorio ecuatoriano. El General le pidió una cita urgente al ministro de Defensa Juan Manuel Santos, quien enterado de la situación informó de inmediato al Presidente.

El jefe del Estado convocó a Palacio a Santos, a Naranjo y a la cúpula militar para evaluar la situación y la posibilidad de darle el golpe de gracia a Reyes. Luego de analizar las consecuencias de la operación que implicaba incursionar en territorio ecuatoriano, el Presidente la autorizó y dijo que le haría frente a las consecuencias, pues el objetivo primero era luchar contra el terrorismo.

En esa reunión, la tarde del 25 de febrero, el Ministro y los generales diseñaron la operación que debía ser ejecutada en dos fases prácticamente simultáneas: el bombardeo al campamento de Reyes por dos aviones Supertucano de la Fuerza Aérea, y el asalto al mismo por una fuerza élite compuesta de 18 hombres del Comando Jungla de la Policía, 20 soldados de las Fuerzas Especiales del Ejército y ocho especialistas de la Armada que desembarcarían desde helicópteros.

El ministro Santos y los generales estuvieron de acuerdo en lanzar la operación desde la base de Tres Esquinas en Caquetá, que aunque estaba más lejos del objetivo garantizaba el sigilo requerido. Después de confirmar que Reyes seguía en el campamento, el presidente Uribe estuvo de acuerdo en ejecutar el ataque en la madrugada del sábado 1º de marzo.

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