Farc están debilitadas

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Cambio rescata una investigación en la que se muestra cómo las Farc han perdido en cinco años 8.000 hombres, 20 frentes y territorios clave.

La pérdida de control territorial de las Farc es tan clara que en la actualidad no tienen frentes operando en Cundinamarca y Boyacá, y no cuentan con la influencia que ejercían en la mayor parte de la Costa Caribe. Hoy la fuerza militar del grupo rebelde se ha desplazado a la zona de frontera con Venezuela, Ecuador y Panamá, y ha replegado a sus mejores hombres a proteger sus antiguos santuarios en Guaviare, Caquetá, sur del Meta, Putumayo y Nariño. 

El declive

La época de las vacas gordas de las Farc empezó su declive cuando la Política de Seguridad Democrática de Uribe lanzó a las selvas del sur del país a cerca de 18.000 hombres para que pusieran en marcha el Plan Patriota, cuya finalidad era arrebatarles el control que ejercían a su antojo en Caquetá, Putumayo, Guaviare, Cauca y sur del Meta.

Pese a que las tropas fueron diezmadas por acción de las plagas y los factores climáticos -2.000 hombres fueron retirados de la zona de combate-, el tiempo confirmó que la estrategia era adecuada porque las Farc debieron desplazar a sus hombres a otras regiones y dejar una retaguardia estratégica para enfrentar a los militares. El Plan Patriota dio paso muy pronto al Plan Consolidación, de carácter nacional, soportado en el aumento notable del pie de fuerza del Ejército y la Policía, que pasaron de 200.000 hombres en 2002 a 380.000 en 2007. 

Al tiempo que el Ejército dispone hoy de 30 brigadas que copan todo el territorio y 20 estructuras móviles altamente profesionalizadas, la Policía logró cubrir los municipios de donde había tenido que salir y además ejerce presencia en otras 200 poblaciones.

Pero de la misma manera que las Farc perdieron presencia territorial, desde el punto de vista militar se vieron forzadas a cambiar la estrategia que a finales de la década de los 90 les permitió propinarles al Ejército y a la Policía los mayores golpes de su historia. La toma de la base de Las Delicias, el asalto al Cerro de Patascoy y la ocupación del casco urbano de Mitú, entre otros, demostró que esa guerrilla había dado un salto cualitativo al pasar de la guerra de guerrillas a la guerra de posiciones, es decir, a la concentración de grandes cantidades de hombres para copar un objetivo.

Esa tendencia empezó a cambiar a finales del mandato de Andrés Pastrana, cuando las Fuerzas Militares obtuvieron recursos para comprar 15 helicópteros Black Hawk de última generación con los que pusieron en desbandada a los subversivos y de paso neutralizar la toma de poblaciones, los retenes en las vías y los ataques a la Fuerza Pública.

El gobierno de Uribe, posteriormente, se la jugó por los aviones Súper Tucano, de fabricación brasilera, que inclinaron la balanza. Esas aeronaves fueron dotadas con sofisticados sistemas de tiro que eliminaron el margen de error en los bombardeos a las posiciones guerrilleras. "Con los mecanismos de antes lanzábamos las bombas pero éstas caían a 100 o 150 metros del objetivo. Y por las dificultades para el desembarco de tropas nos quedábamos casi siempre sin saber qué había pasado allá abajo -dijo a CAMBIO un piloto de la Fuerza Aérea-. Ahora el margen de error no sólo es cero sino que las tropas del Ejército llegan casi de inmediato al lugar para chocar con los guerrilleros".

Esto fue justamente lo que sucedió con las operaciones militares que permitieron la muerte de Tomás Medina Caracas, El Negro Acacio, el pasado 3 de septiembre, y de Gustavo Rueda Díaz, Martín Caballero, el 25 de octubre, quienes fueron abatidos después de que  los aviones Súper Tucano bombardearon los campamentos donde se encontraban. "La utilización de las llamadas armas inteligentes mejoraron la eficacia de las operaciones y acabaron con la modalidad de las bombas escalabradoras, que hacían más ruido que bajas", le dijo a CAMBIO un general del Ejército.

Acacio y Caballero fueron abatidos después de que los militares conocieron su localización por labores de inteligencia desarrolladas por el Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea, que ahora y por primera vez trabajan conjuntamente y comparten la información que obtienen sobre cada uno de sus objetivos. En el caso de Acacio, el Ejército obtuvo detalles de su localización y los compartió con la FAC, que envió los aviones Tucano al Guaviare donde bombardeó las posiciones del jefe guerrillero y los 20 hombres que lo acompañaban. Lo mismo ocurrió con Caballero, detectado por la inteligencia de la Armada, que de igual manera alertó a los pilotos de la FAC y les suministró las coordenadas de su campamento en los Montes de María.

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