CONOCÍ A FIDEL Castro desde los tiempos estudiantiles. Recuerdo que cursaba el tercer año de derecho, naturalmente hace más de 50 años, cuando Fidel entró a la universidad. Entonces me lo presentaron dos amigos, Alfredo Esquivel y el Flaco Granados, en una cafetería a una cuadra de la universidad. Me llamó la atención cómo Fidel, que era un joven elegante, hijo de un hombre rico, inclusive muy bien vestido, con saco y corbata, cosa que no era costumbre entre los estudiantes, se mostró muy serio preguntándome sobre los problemas políticos.
Pero lo que más me llamó la atención de Fidel fue su severidad y seriedad. Después de ese encuentro nos vimos muchas veces, porque él se incorporó al movimiento del Partido del Pueblo y me tocaba conversar con él todos los días. Posteriormente vino la acción revolucionaria del asalto al Cuartel Moncada, primero, y posteriormente la invasión por la Provincia de Oriente, hasta terminar en la Sierra Maestra. Yo me uní a la fuerza de Fidel Castro en la Sierra Maestra, lo acompañé, no solamente al triunfo sino a la larga caravana que salió de Santiago de Cuba hasta La Habana y lo defendí durante más de dos años a él, a la revolución, y a su Gobierno.
Con relación a la situación actual, a mí no me sorprende el gesto de Fidel de renunciar a su cargo. Y no es sólo por la enfermedad que lo ha disminuido de forma severa, sino porque 49 años en el ejercicio del poder debilitan a cualquiera. Si a eso se agregan los años de lucha en la Sierra Maestra y de combate contra la dictadura de Batista, ello significa que son casi 65 años de constantes inquietudes y de pruebas que tienen que determinar una fatiga evidente del poder.
Ahora bien. Aunque efectivamente Fidel renuncia a su condición de Presidente y de Comandante del Ejército, hay que tener muy presente que Fidel no se ha muerto y aún enfermo y convaleciente seguirá manteniendo contactos no sólo con su hermano Raúl, sino con otros altos funcionarios del Gobierno, quienes, seguramente, le informarán sobre asuntos del manejo del Estado.
Es bueno que la opinión sepa que Fidel y Raúl no son iguales; es más: son muy distintos. Y el primero en ser consciente de ello es el propio Raúl, cuyo pragmatismo le permite tener muy claro cuáles son sus debilidades y cuáles sus fortalezas. Y aunque ha sido muy leal a las proyecciones políticas y personales de Fidel, seguramente emprenderá la apertura económica, que nunca realizó su hermano.
Para ello serán fundamentales Carlos Lage, el vicepresidente, que es el hombre que representa a Cuba en distintas reuniones internacionales, y Ricardo Alarcón, que es el presidente de la Asamblea Popular. Creo que de los dos el que está más cerca de Raúl y el que tiene mayor poder, desde el punto de vista de las instituciones internas, es Alarcón.
Pero con el retiro de Fidel no creo que pase nada fundamental. Por estos días he recordado una declaración interesante de Fidel, que muchos han olvidado. Hace dos años lo visitó un periodista español, quien, luego de entrar en confianza, le preguntó: "Comandante, ¿por qué no hace una apertura económica?". Fidel le contestó: "Yo esa apertura no la voy a hacer, pero quizás la hagan mis sucesores". Y estoy completamente seguro de que por las distancias que hay de carácter personal entre Raúl y Fidel, Raúl va a ser el hombre de la apertura económica, un poco al estilo chino, que puede ser fundamental para el futuro económico y político de la isla.
POR JOSÉ PARDO LLADA,
periodista cubano
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