CONOCÍ A FIDEL en la casa de Gabriel García Márquez, en La Habana, poco antes de iniciar las conversaciones de paz con el M-19, en 1988. El presidente Virgilio Barco tenía interés en mantener informados al respecto al Nobel y al Jefe de Estado cubano. Colombia y Cuba no tenían relaciones diplomáticas, pero los dos mandatarios tenían comunicación permanente y ocasionalmente Colombia acudía a la ayuda de Castro. Cuando se produjo el secuestro de Álvaro Gómez por parte del M-19, por ejemplo, el ministro de Gobierno, César Gaviria, viajó a La Habana en busca de soluciones.
Cuando viajé a La Habana para exponer las ideas del Gobierno sobre la política de paz, Castro me sorprendió en la piscina a las 11 de la mañana, una hora antes de lo previsto. "Acompáñame a la cocina que traje una palma para cocinar", me dijo. Me sequé, me puse una camiseta y entré a la cocina donde Fidel estaba ya pelando un gran trozo de corazón de palma. Lo acompañaba la cocinera de la casa, a quien le daba instrucciones, y me dijo: "Ahora sí empecemos, antes de que llegue todo el mundo". Nos fuimos al estudio de Gabo. Me preguntó por temas sueltos: por las guerrillas colombianas, por la guerra contra los narcotraficantes, por la política. Cuando al fin apareció Gabo, le dijo: "Como invité más gente que la que tú pensabas, me tocó traer más comida".
A la hora prevista para el almuerzo llegaron el vicepresidente Carlos Rafael Rodríguez; Raúl Castro, ministro de Defensa; el Canciller, el Ministro del Interior y el jefe del departamento América, el inconfundible comandante Piñeiro, mejor conocido como Barbarroja. Gabo me había dado un sabio consejo: "No te preocupes si te parece que Fidel te hace preguntas que parecen desordenadas. Él arma todo en su cabeza y saca conclusiones".
Nos sentamos a la mesa y Gabo me dio la palabra. Expliqué el motivo de mi visita y la política de paz que Barco había planteado y empezó un intenso intercambio en el que preguntaban y opinaban todos de todo. Fidel conocía los personajes y a cada rato preguntaba detalles. ¿Qué opina López Michelsen? ¿Cuánto rinde la caña de Ardila Lülle? Cuando les contaba cómo eran las reuniones con las Farc mostró un particular interés. De pronto me soltó una ráfaga de preguntas: ¿Qué comen en las reuniones? ¿De dónde llevan las papas? ¿Quién les sirve? ¿Comen lo mismo que los demás guerrilleros? Cuando le conté que tomaban gaseosas, miró a Raúl y le dijo: "¿Te imaginas a nosotros en la Sierra mandando a traer bebidas en botella en lugar de municiones?".
A las ocho de la noche nos paramos de la mesa y seguimos en la sala de la casa. A media noche Fidel, que había escuchado a todos, empezó a sacar sus conclusiones.
Nos hizo un panorama de todas las guerrillas, de la situación continental y nos dio sus opiniones sobre la política de paz. "Cada grupo es diferente y su historia les pesa mucho -recuerdo que afirmó-. Va a ser difícil que todos entren al mismo diálogo, ustedes tendrán que ser flexibles y adaptarse a las condiciones de cada uno".
Al día siguiente fui a la oficina de Fidel y después de una despedida informal, remató: "Dile a Barco que miramos con simpatía su iniciativa, que esperamos que tenga éxito".
POR RAFAEL PARDO RUEDA,
ex ministro de Defensa, ex senador .
Qué significa el retiro de una de las figuras políticas más influyentes del siglo XX.
El gran desafío es el de darle un nuevo marco político a las reformas económicas en curso.
Si en la época de Fidel el lema fue "socialismo o muerte", en la de Raúl será "reformismo o muerte".
El ex ministro Teodoro Petkoff evalúa las consecuencias que tendrá el retiro de Fidel Castro.
Castro se la jugó por la paz con las Farc mucho más de lo que lo que los colombianos imaginan.
Ninguna evaluación sobre la obra de Castro será completa si elude la valoración de la solidaridad.