LA RENUNCIA DE Fidel Castro a la Presidencia significa, posiblemente, el fin del ciclo revolucionario en Cuba. Su alejamiento del poder en 2006 por razones de salud implicó un paréntesis político que se inició con incertidumbre y fue tornándose más previsible: la Revolución del 59 aún era, aunque de manera lánguida, el portaestandarte del régimen. Es probable que con el anuncio de Fidel haya comenzado, simbólicamente, un período reformista; una etapa de cambios políticos, económicos y sociales graduales y de mayor hondura. Si con Fidel el lema explícito fue "socialismo o muerte", con Raúl Castro la consigna tácita será "reformismo o muerte". El régimen necesita reformas que eviten una potencial inestabilidad acompañada de más polarización.
El cambio realista, más que la transformación radical, les permitirá al Partido Comunista y al Gobierno su sustentación institucional y un manejo relativamente ordenado de una transición: buscarán preservar la mayor cuota de poder alcanzable y asegurar un recambio que afecte lo menos posible sus intereses. Cuba ya no vivió la traumática transición de Rumania o la Unión Soviética. Los cubanos, los que gobiernan, los opositores internos y algunos segmentos lúcidos del exilio parecen inclinados hacia una "vía cubana" en la que se entrecruzan la urgencia de reformas reales, el rechazo a una contra-revolución profunda, la necesidad de superar prácticas autoritarias y la demanda de mayor pluralismo. Todo ello puede, en un futuro, conducir a una democratización en la Isla.
Dicha democratización implica un desafío para Latinoamérica. Dos razones apuntan a favor de un eventual aporte de la región. Primero, en los últimos años La Habana ha desplegado una política exterior menos antisistémica. Un análisis ponderado del comportamiento reciente de Cuba (tanto con Fidel como con Raúl) en América Latina lo muestra como un actor moderado y moderador. Si no ha existido mayor confrontación diplomática entre Colombia y Venezuela es por el discreto rol de La Habana.El peso de Cuba es crucial para entender cierto freno a la radicalidad en Venezuela y Bolivia. Segundo, la obsesión y la atención de Washington en otras áreas del mundo y el desgaste de los sectores anticastristas más recalcitrantes ubicados en Florida, abren un espacio para que los países latinoamericanos contribuyan, gracias a su propia experiencia de democratización, a una transición incruenta en la Isla. Invitar a un regreso de Cuba a la OEA podría ser una señal interesante al respecto.
La Revolución cubana se va eclipsando con el retiro de Fidel Castro del centro de la escena política. Hay condiciones para que se abra paso una etapa de reformas. En ese contexto, es vital que Latinoamérica ayude a cicatrizar heridas en la Isla y facilite una transición democrática exitosa.
POR JUAN GABRIEL TOKATLIAN,
analista internacional.
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El gran desafío es el de darle un nuevo marco político a las reformas económicas en curso.
El ex ministro Teodoro Petkoff evalúa las consecuencias que tendrá el retiro de Fidel Castro.
Anécdotas y experiencias tras el primer contacto de Fidel con el proceso de paz con el M-19.
Castro se la jugó por la paz con las Farc mucho más de lo que lo que los colombianos imaginan.
Ninguna evaluación sobre la obra de Castro será completa si elude la valoración de la solidaridad.