La Cuba de Raúl. Por Ricardo Santamaría.

Si el reto de Fidel Castro fue salvar la Revolución, el de Raúl será insertar a Cuba en el nuevo milenio. Foto: AP

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LO PRIMERO QUE HAY que decir, a pesar de que muchos se sorprendan, es que el relevo del poder en Cuba ya se hizo. Fue una revolución dentro de la revolución y empezó hace 18 años. Esta es la historia: vino el desplome de la URSS en 1989 y con él, de la noche a la mañana -de un año para otro-, desaparecieron todos los mercados de exportación de Cuba y la mayoría de los de importación de materias primas. Un desastre potencial a la vista que podía acabar con la Revolución y su gobierno, tal como ocurrió con la totalidad de los gobiernos socialistas de Europa del este que cayeron dentro del llamado efecto dominó.

Así lo vio Estados Unidos, que endureció con nuevas medidas el bloqueo económico vigente desde la administración Kennedy. ¿El objetivo? Que el gobierno de La Habana cayera. La respuesta de Cuba fue abrirse al mundo para buscar mercados, inversión, materias primas, crédito, cooperación. Reformaron su Constitución para permitir la propiedad privada para ciertas inversiones en las que el capital extranjero se asociara con empresas cubanas, y pusieron en práctica reformas para adecuar el manejo de su aparato productivo y su comercio a la economía de mercado.

Con inversión extranjera salvaron los renglones estratégicos de su economía: azúcar, tabaco, ron y minería; impulsaron el turismo, que hoy representa la principal fuente de divisas del país; mantuvieron sus inversiones en los renglones científicos de biotecnología y medicamentos, en los que Cuba es líder; y empezaron a exportar talento y servicios profesionales en campos como la medicina, el deporte y la música.

Fue la época en que Cuba se reencontró con América Latina: Colombia, Chile, Brasil, Argentina, Perú y Panamá, entre otras naciones, reabrieron relaciones diplomáticas con la Isla o intensificaron las que ya tenían. Cuba fue activo protagonista de las cumbres iberoamericanas de presidentes y de las reuniones de la Asociación de Países Centroamericanos y del Caribe. Y en el ámbito hemisférico y extracontinental, Canadá, México y España, ya finalizada la Guerra Fría, lideraron proyectos de cooperación con Cuba en temas económicos, culturales y académicos. Hasta el Papa Juan Pablo II llegó a La Habana y Cuba tuvo su propio cardenal.

¿Cómo lograron este milagro del Período Especial? Así llamaron en Cuba esta fase de su historia  que se inició con el desplome de la URSS: el Período Especial. Fidel y Raúl Castro llevaron a los cargos claves del gobierno central, regional y local a personas de menos de 40 años. Fue una revolución dentro de la Revolución en un partido donde los dirigentes se jubilaban de viejos y donde un ministro duraba en promedio 10 años en el Gobierno.

Sangre nueva fue la respuesta política de Fidel para salvar la Revolución. La totalidad de gobernadores y buena parte de los alcaldes fueron sustituidos en el lapso de pocos años. Carlos Lage y Roberto Robaina, ambos con menos de 40 años, tomaron las riendas de las reformas económicas y las relaciones exteriores respectivamente. Felipe Pérez, con menos de 30 años, se encargó del grupo de asesores más cercados a Fidel. Ricardo Alarcón de Quesada, con menos de 50 años, quedó al frente de la Asamblea del Poder Popular, órgano legislativo del país. Una nueva generación de dirigentes cubanos asumió el poder.

Y Raúl Castro dio ejemplo al convertir a las Fuerzas Armadas Revolucionarias en una empresa autosuficiente. Allí se ganó el prestigio que hoy lo tiene de sucesor de Fidel.

Recapitulemos. Fidel fue el artífice de la Revolución, la resistencia y la supervivencia. El protagonista de la Guerra Fría en el hemisferio occidental. El abanderado de las conquistas sociales de la Revolución. Lideró la guerrilla y la revolución socialista. Y luego, acompañado por Raúl, su hermano menor, y un puñado de dirigentes 30 y 40 años menores que él, también lideró el Período Especial.

Una suerte de capitalismo socialista o socialismo capitalista. Un régimen intermedio con propiedad privada, inversión extranjera, circulación legal de dólares, creación de multinacionales cubanas en áreas como minería y turismo. Pero también un régimen con partido único, periodismo partidista, libertades restringidas para la oposición y sin separación de poderes. Un caso único en el mundo.

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