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LA ESPERADA NOTICIA del retiro definitivo de Fidel Castro del poder, en Cuba, terminó siendo una sorpresa. No la trajo su muerte, sobre la que se han difundido múltiples versiones desde la todavía misteriosa operación de intestino en julio de 2006, sino un editorial del periódico Granma, escrito por el propio Castro. En un tono emotivo y trascendental, escribió sin dejarle espacio a ninguna especulación: "No aspiraré ni aceptaré -repito, no aspiraré ni aceptaré- el cargo de Presidente del Consejo de Estado y Comandante en Jefe".
El texto, leído en la versión de Granma en Internet, se propagó rápidamente el martes 19 en la madrugada por todos los medios electrónicos del mundo. La mayoría de los periódicos ya habían cerrado y la publicaron en sus páginas on line. Fiel al estilo calculador y estratégico de Castro, el anuncio fue hecho en vísperas de una reunión de la Asamblea Nacional del Poder Popular, prevista para el fin de semana, que elegirá al nuevo jefe del Estado. Fidel ya había sido nominado para una nueva reelección, pero con su calculada renuncia apenas quedará tiempo para formalizar el paso definitivo del cargo a su hermano Raúl Castro. La elección se debe concretar el domingo.
¿Qué tanto cambiará el panorama cubano? La primera lectura conduce a la conclusión de que no se le han abierto las puertas a un gran cambio. El relevo de Fidel a Raúl ya se había hecho y, mientras el mayor de los hermanos -de 81 años de edad- permanezca vivo, seguirá ejerciendo una fuerte influencia sobre el menor, de 75. Escéptico sobre la posibilidad de que se inicie una nueva etapa, El Tiempo consideró en su editorial de este miércoles que "el anuncio marca el fin de una era, pero no el fin de la influencia de Castro".
Sin embargo, si bien en el corto plazo no puede esperarse un cambio de rumbo abrupto, en un panorama más amplio la transición hacia un nuevo periodo histórico ya está en marcha. Para empezar, la dupla octogenaria de los hermanos Castro no podrá durar mucho tiempo. Raúl tendrá que dirigir algún proceso de sucesión hacia nuevas generaciones. Buscará, sin duda, que la antorcha sea recibida por alguna de las figuras que el propio Fidel promovió. Carlos Lage, vicepresidente del Consejo de Estado; Felipe Pérez, canciller; y Ricardo Alarcón, presidente de la Asamblea, figuran en la lista corta. Ricardo Santamaría, ex embajador en La Habana, afirma en artículo para CAMBIO que la verdadera transición ya comenzó, en los años 90, con la llegada de esta nueva élite generacional. Todos rondan los 50 años de edad y, aunque son considerados más modernos que los hermanos Castro, han demostrado su fidelidad al régimen.
La misión de Raúl no será fácil. El exilio cubano y la comunidad internacional buscarán una democratización y no se contentarán con un relevo generacional. En ese sentido se pronunció el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, desde su periplo africano, al conocer la noticia del retiro de Castro. Para la oposición a la Revolución el momento político que vive Cuba significa una oportunidad para ir dejando atrás la dictadura y el manejo caudillista del poder.
También hay razones políticas que presionarán a favor de un giro. "El alejamiento de Fidel Castro pone al gobierno de Cuba ante la imperiosa necesidad de introducir cambios en el régimen", según El País de Madrid. El propio Raúl, en un discurso reciente, habló de la necesidad de hacer reformas, aunque aceptó que ellas no podrían ir "al ritmo deseado". La falta del gran timonel y la influencia internacional obligarán a considerar medidas democratizadoras. Según Juan Tokatlian, en artículo publicado en esta revista, con el retiro de Fidel Castro se inició "la vía cubana hacia el reformismo democrático". La Cuba comunista, acompañada en esa condición solamente por Corea del Norte, puede ser inviable en el mundo de hoy.
El otro gran interrogante tiene que ver con el comportamiento internacional de Cuba. ¿Se mantendrán las relaciones con Estados Unidos en la Guerra Fría que se prolongó más allá de la caída del Muro de Berlín, en 1989? Tanto en Washington como en La Habana ha habido señales favorables a una revisión de la situación actual. Barack Obama, el fenómeno político del momento en Estados Unidos, se ha pronunciado a favor de un diálogo con Cuba. The New York Times, el miércoles, pidió la suspensión del legendario embargo contra la Isla: "Una política que tuvo poco sentido en la Guerra Fría tiene todavía menos sentido hoy, en la era de la globalización", dijo.
Al otro lado de las 90 millas de mar Caribe que separan a Estados Unidos y a Cuba, Raúl Castro también ha mencionado que está dispuesto a abrir canales de comunicación con su gigantesco vecino. Lo cual no es nuevo, y menos aún en época de elecciones norteamericanas en las que los demócratas tienen amplias posibilidades de triunfar. Desde John F. Kennedy, pasando por Jimmy Carter, hasta Bill Clinton, varios gobiernos de ese partido han iniciado aproximaciones que siempre han fracasado y han terminado en un deterioro mayor de la relación bilateral y en el endurecimiento del embargo comercial. Falta ver si, como plantea Ricardo Santamaría, la nueva realidad de una eventual dupla Obama-Raúl Castro puede romper la inercia de los últimos años.
El gran desafío es el de darle un nuevo marco político a las reformas económicas en curso.
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