Cuba y Fidel: guerra y paz en Colombia

El anuncio del presidente Fidel Castro de abandonar cualquier posibilidad a futuro de retornar al ejercicio burocrático de la política, constituye un buen momento para reflexionar sobre la manera como el gobierno cubano y a su cabeza Fidel se han comportado, a lo largo de algo más de medio siglo, en relación con el conflicto armado colombiano. No obstante, resulta necesario señalar, para no emplazar responsabilidades,  que el origen y las causas de la guerra en Colombia y la existencia de grupos guerrilleros en el país es anterior a la revolución cubana.
 
A partir de esta aclaración se puede afirmar que hay al menos tres momentos distintos que pueden servir para caracterizar las relaciones de Cuba y Fidel con el conflicto armado colombiano; una primera fase de exportación de la causa insurreccional  y apoyo a las organizaciones revolucionarias que va disminuyendo hasta agotarse en la década de los 80; una segunda fase, que podría denominarse de territorio "neutral" y receptor de conflicto, que se extiende de mediados de 80 a mediados de los 90 y,  una última fase,  de buenos oficios y compromisos con los procesos de paz del país, que se extiende de mediados de los 90 hasta fecha. Todas estas fases o etapas están inscritas en las dinámicas y procesos políticos internos y externos del Estado cubano.

La primera fase,  se inicia con el triunfo del Movimiento 26 de Julio, conducido por Castro y Guevara, triunfo que generó un proceso de cuestionamiento de las estrategias de lucha política de los viejos partidos de oposición de izquierda en América Latina y un replanteamiento de sus tácticas forzadas por dinámicas de confrontación internas, que condujeron, no pocas veces, a la formación de nuevas organizaciones políticas, que arrastradas por el fervor del proceso cubano, constituyeron lo que se denominó en su momento "Nueva Izquierda". De ese proceso surgieron tres formas organizativas básicas a nivel continental: 1. Grupos juveniles, de estudiantes e intelectuales, separados de los partidos populistas que se organizaron en forma muy similar a la del Movimiento 26 de Julio -caso argentino-; 2. focos insurrecciónales guiados por la concepción guevarista que tuvieron un origen político variado -Eln, caso colombiano- y, 3. Organizaciones que sin negar el camino de las armas lo evadieron. La tendencia en general  fue que los militantes más jóvenes que recibieron el impacto de la revolución cubana y se inclinaron hacia el "Fidelismo", entraron en la órbita de las posiciones de izquierda con marcadas inclinaciones hacia la lucha armada revolucionaria, recibiendo de Cuba y Fidel, al amparo del discurso de la solidaridad internacional, apoyo político, formación militar y técnica y, en menor proporción, apoyo económico.

En la medida que el proceso cubano fue viéndose obligado a prestar especial atención a las dinámicas internas y que los resultados de sus incursiones internacionales de apoyo a los procesos de la revolución mundial obtenían precarios resultados, Cuba se convierte el receptáculo de los conflictos que se están produciendo en América Latina y por esa vía en refugio de exiliados y territorio de mediación en la solución de conflictos. Un importante servicio presta, al inicio de esta segunda fase, el gobierno cubano al colombiano a comienza de la década de los 80 para resolver la situación política y diplomática generada a raíz de la toma de la embajada de República Dominicana, por parte del Movimiento 19 de Abril (M-19). No obstante, el gobierno del presidente Julio César Turbay Ayala, en marzo de 1981, once meses después de solucionado el incidente suspende relaciones diplomáticas con la isla, por la intervención que guerrilleros del M-19,  hicieron en el sur del país, supuestamente entrenados por el gobierno cubano.  El proceso de acompañamiento a los procesos armados llega a su fin en la década de los 80, cerrándose allí esta primera etapa.

El desarrollo del proceso centroamericano de Nicaragua, Salvador y Guatemala, así como el derrumbamiento del proceso peruano, y la desmovilización de parte de la guerrilla colombiana, con la ayuda y el apoyo del gobierno cubano, permiten señalar que la década de los 80 no es solamente una década de agotamiento de la estrategias revolucionaria que se levantaron sobre la base de la lucha armada, sino, igualmente de agotamiento del modelo socialista por el cual se luchaba. Durante esa década, Cuba comienza a transformar la concepción de su participación en el escenario político mundial  convirtiéndose con el tiempo en un auditorio que posibilita el diálogo con la insurgencia y que presta importantes servicios a los procesos de solución política.

La Cuba y el Fidel de comienzos de los 90, se transforman en una nueva perspectiva en la que,  de la exportación de la revolución de las décadas del 70 y 80, se está pasando a la defensa de los logros de la revolución cubana en educación, salud, vivienda, empleo..., y a la importación del apoyo político y el capital internacional para sostener las dinámicas del desarrollo interno del país. La crisis que generó en Cuba la caída del bloque socialista, aunada a sus problemas económicos estructurales y de funcionamiento, fue conduciendo a Fidel y al gobierno cubano a un replanteamiento de su política económica y de relaciones exteriores. Al centro de sus preocupaciones se localiza la atracción de la inversión extranjera que se presenta como una meta prioritaria en función de la estabilización del país.  Para garantizar esto, en septiembre de 1995 se aprobó una norma que disminuye notablemente las restricciones existentes a la libertad de inversión de capital extranjero en Cuba y se comienza a intensificar los procesos políticos de acercamiento a los gobiernos de América Latina, en el campo del mejoramiento de las relaciones diplomáticas.

Las relaciones colombo-cubanas que durante la segunda mitad del siglo XX estuvieron determinadas, salvo ciertos momentos excepcionales, por el conflicto Este-0este, superada la Guerra Fría, los vínculos de Colombia con Cuba, en particular desde 1993, con la reanudación de relaciones diplomáticas,  en el gobierno de César Gaviria,  mejoran sustancialmente, aun cuando, es necesario señalar,  que independientemente de las tensiones o el distanciamiento político, el intercambio económico y los acuerdos bilaterales se desarrollaron formalmente en particular desde la segunda mitad de la década de los ochenta.

En los últimos años el gobierno Cubano y Fidel Castro han jugado un papel importante el desarrollo de los procesos conducentes a la búsqueda de la salida política al conflicto armado. Durante el Gobierno del presidente Andrés Pastrana (1998-2002) en el marco del proceso de conversaciones que durante más de tres años llevó a cabo con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc), hasta su suspensión el 20 de febrero de 2002, Castro presto especial atención al mismo e hizo abierto pronunciamientos  contra la práctica del secuestro, como instrumento revolucionario. En ese mismo periodo y durante la actual administración del presidente Álvaro Uribe Vélez, ha prestado la mayor atención  a las distintas rondas desarrolladas por el gobierno nacional con el Eln e igualmente ha mostrado manifiesto interés en contribuir  a gestionar el intercambio humanitario, lo que se ha hecho explicito al recibir en el territorio de Cuba a Rodrigo Granda, canciller de las Farc.

No obstante el hecho de que el proceso de intercambio humanitario y solución política negociada, se ha desplazado en los últimos meses hacia Venezuela, bajo el liderazgo del presidente Hugo Chávez, y que en el imaginario de los grupos armados todo parece debe pasar por Caracas, Cuba, sigue teniendo la mayor importancia en el tiempo como escenario para los procesos de paz en nuestro país, en especial, la Cuba de hoy que esta muy lejos de la Cuba de los años 60. 

Por Carlos Medina Gallego
Profesor Universidad Nacional
Experto en conflictos armados

Publicidad
Enlaces de texo