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Ahí no terminó la relación con las guerrillas colombianas. En 1980 ofreció su territorio para recibir a los miembros del M-19 que se habían tomado la Embajada de República Dominicana y habían secuestrado una parte del cuerpo diplomático radicado en Bogotá. Le dio la mano al presidente Julio César Turbay Ayala para encontrar una salida a un hecho que hubiera podido terminar en una muerte colectiva y en una crisis diplomática de grandes proporciones.
Pero luego facilitó el regreso de los combatientes que entraron armados por la Costa Pacífica con la intención de crear nuevos frentes de guerra en las duras tierras de Chocó y Nariño. Esta decisión desató un incidente que suspendió las relaciones de los dos países por muchos años.
Cuando llegó Uribe
A mediados de los 80 cobijó a una comisión internacional de la Coordinadora Nacional Guerrillera de Colombia, de la cual hacía parte Antonio Navarro Wolf. Desde allí los guerrilleros colombianos entablaron relaciones con los grupos insurgentes de Centroamérica y promovieron acciones conjuntas en procura de la revolución latinoamericana.
Tenía ya otra actitud cuando, en 1996, contribuyó a resolver el secuestro de Juan Carlos Gaviria, hermano del ex presidente César Gaviria Trujillo. Recibió a varios jefes del Jega, un reducto guerrillero que había perpetrado el delito y que exigió la protección de sus comandantes en Cuba como condición para liberar al secuestrado. Fue un acto humanitario.
Como han sido hechos humanitarios o contribuciones a la paz el acompañamiento a las negociaciones que han intentado las guerrillas del Eln y las Farc con el gobierno colombiano. Se sabe que desde al año 2000 ha hecho admoniciones al Eln para que firme un acuerdo de paz, y también que en el momento en que se iban a romper las conversaciones del Caguán entre el presidente Pastrana y las Farc buscó afanosamente una solución y se atrevió a enviar un texto que contenía los detalles de una tregua aceptable para las partes.
La llegada al Palacio de Nariño del presidente Uribe, tan cercano a los Estados Unidos y tan decidido a una solución militar del conflicto colombiano, hizo pensar a muchos que se volverían a agrietar las relaciones entre Cuba y Colombia. No ha ocurrido así. Al contrario, en estos últimos años se han intensificado el intercambio político y comercial.
Fidel ha contribuido en forma discreta a resolver las graves tensiones que se han presentado con el gobierno del presidente Hugo Chávez. Se rumora que aún en la actual crisis -la más grave y peligrosa de todas- Castro, con sus dificultades de salud, está jugando un papel en la búsqueda de la reconciliación entre los presidentes Chávez y Uribe. Los secretos de estas gestiones están en la memoria del embajador Julio Londoño Paredes, quien tiene una línea directa con el canciller cubano.
No ha respondido en forma distinta el gobierno colombiano. En los últimos quince años los presidentes de Colombia se han esforzado por mantener unas relaciones cordiales y fluidas con Cuba a contrapelo de las directrices de Estados Unidos.
No sólo han abierto las puertas a muchos cubanos afectos a Fidel para que vivan y laboren en Colombia, sino que, saltando por encima del "embargo", han fortalecido los lazos comerciales, a tal punto que en el gobierno del presidente Uribe se ha pasado de menos de 30 millones de dólares a más de 150 millones en un intercambio que promete mucho en el futuro. Por lo pronto, el aumento de un 57% en las ventas de Haceb en 2006 y la continuidad de su expansión en el 2007 tienen mucho que ver con esta apasionante relación que Fidel Castro ha tenido con Colombia.
POR LEÓN VALENCIA,
fundación Nuevo Arco Iris.
lvalencia@nuevoarcoiris.org.co
Qué significa el retiro de una de las figuras políticas más influyentes del siglo XX.
El gran desafío es el de darle un nuevo marco político a las reformas económicas en curso.
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El ex ministro Teodoro Petkoff evalúa las consecuencias que tendrá el retiro de Fidel Castro.
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