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Tampoco está asegurada la continuidad de la estrecha alianza que construyeron en los últimos años Cuba y Venezuela. En entrevista con CAMBIO, el ex ministro y periodista Teodoro Petkoff sostiene que "en la nueva situación, con Raúl al mando, las relaciones serán mucho más institucionales". El pragmatismo del menor de los Castro no es el más propicio para que Cuba acompañe a Chávez en las insólitas peleas que casa a diestra y siniestra con otros países que son importantes para la Isla. Al propio Fidel se le han visto matices en política exterior que lo diferencian de Chávez. Las relaciones con Colombia son un ejemplo inequívoco: Cuba, incluso, ha acercado a los presidentes Álvaro Uribe y Hugo Chávez en situaciones difíciles.
Más allá de si se precipita un cambio de rumbo vertiginoso o una transición tranquila, lo cierto es que el futuro de Cuba no parece viable si sigue los mismos parámetros de los últimos 49 años. A los ojos del mundo actual, Fidel es un dictador anticuado y cruel que ha concentrado el poder, ha gobernado con egolatría y ha propiciado la violación sistemática de los derechos humanos. La falta de libertad de expresión y la carencia de garantías políticas son cada vez más insostenibles. Ya desde diciembre de 1994, en la primera Cumbre de las Américas, Cuba fue el único país excluido con el argumento de que no tenía un régimen político democrático.
Y el aislamiento es un fantasma que causa terror en la Cuba revolucionaria. El bloqueo de Estados Unidos y el corte de relaciones diplomáticas de todos los países latinoamericanos -con la única excepción de México- a comienzos de los años 60, aumentó la sensibilidad por el reconocimiento de otros países. La disolución de la URSS a comienzos de los 90 incrementó aún más la necesidad de buscar amigos. La Cuba de Fidel lleva dos décadas en busca de ampliar sus relaciones internacionales.
Desde los 80, a raíz de la caída de las dictaduras del Cono Sur, incrementó su esfuerzo por estar en las grandes cumbres y fortaleció vínculos bilaterales con todos los gobiernos que estuvieron dispuestos a hacerlo en América Latina y en otros continentes. No es una coincidencia que los testimonios de los ex consejeros de paz Rafael Pardo y Camilo Gómez, publicados en esta edición -igual que el análisis del politólogo León Valencia- concluyen que Castro jugó un papel positivo para los acercamientos entre los últimos gobiernos colombianos y la guerrilla. Después de haber apoyado la insurrección en los 60, el otrora Patriarca de las Guerrillas prefirió las relaciones con los Estados a los lazos con los grupos insurgentes.
Raúl y quien lo suceda en un futuro cercano, con mayor razón tratarán de evitar un nuevo aislamiento de Cuba, mucho más costoso en el mundo globalizado que en el de la guerra fría. Ahora, a diferencia de antes, la normalidad diplomática se puede ver amenazada para los países que rechazan la democracia. El autoritarismo de Fidel fue viable, y hasta tolerado en el siglo XX porque estaba enmarcado en un modelo que supuestamente competía con la democracia occidental, y formaba parte de una red de aliados. Pero en el siglo XXI las cosas son a otro precio. Un sistema totalitario, en estos tiempos y en el corazón de América Latina, no contaría con la absolución de la historia. Los cambios en Cuba, en consecuencia, vendrán. La pregunta es cuándo y a qué ritmo.
El gran desafío es el de darle un nuevo marco político a las reformas económicas en curso.
Si en la época de Fidel el lema fue "socialismo o muerte", en la de Raúl será "reformismo o muerte".
El ex ministro Teodoro Petkoff evalúa las consecuencias que tendrá el retiro de Fidel Castro.
Anécdotas y experiencias tras el primer contacto de Fidel con el proceso de paz con el M-19.
Castro se la jugó por la paz con las Farc mucho más de lo que lo que los colombianos imaginan.
Ninguna evaluación sobre la obra de Castro será completa si elude la valoración de la solidaridad.