Enero 30 de 2008

Uribe es popular, pero está solo

En el momento más difícil de su mandato, no cuenta con un equipo tan capaz como el de su primer gobierno.

EL JUEVES 17 DE ENERO, horas antes de emprender su viaje a Europa, el presidente Álvaro Uribe recibió al ex presidente César Gaviria, quien había ido a la Casa de Nariño para expresar la solidaridad del Partido Liberal con el Gobierno, luego de la ofensiva verbal del presidente Hugo Chávez contra el mandatario, a quien tildó de guerrerista y enemigo de la paz.

El Presidente aprovechó la oportunidad para preguntarle al jefe del liberalismo sobre cómo creía que debía responderle a Chávez. "La respuesta debe ser acorde con nuestra tradición diplomática", le dijo el ex presidente liberal y le sugirió responder en términos fuertes y no descartar una nota de protesta, pero sin retirar al Embajador en Caracas.

En la reunión, que duró dos horas, estaban presentes el asesor Jorge Mario Eastman, el jefe de prensa del Partido Liberal, John Álvarez, y el ministro de Defensa Juan Manuel Santos. Mientras tanto, el ministro del Interior Carlos Holguín Sardi y el canciller Fernando Araújo esperaban nerviosos en la antesala del despacho presidencial.

Ver a los ministros responsables de la política interna y de las relaciones exteriores haciendo antesala mientras el Presidente discutía un tema tan delicado como las relaciones con Venezuela con el de jefe del liberalismo, un partido de oposición,  resultaba por lo menos curioso.

¿Es esto síntoma de que el Presidente está solo, de que no tiene consejeros como los de su primera administración? La sola imagen de esa reunión sugiere una respuesta positiva, pero antiguos colaboradores de Uribe lo niegan. "No creo que el Presidente esté solo, no compro esa teoría -le dijo a CAMBIO uno de ellos-. Por ejemplo, el Comisionado de Paz, Luis Carlos Restrepo, es una persona con mucho ascendiente sobre el Presidente, que lo oye mucho". Esta opinión la comparten fuentes de Palacio consultadas por CAMBIO.

Por ejemplo, Fabio Valencia Cossio, Alto Consejero para la Competitividad, dice que antes los presidentes eran presos de Palacio y dependían de sus asesores, pero que Uribe rompió ese modelo porque tiene contacto directo con la gente y recoge la información directamente. Y agrega: "Por la dimensión del Presidente, en este gobierno no hay superasesores ni superministros".  Una visión tan superlativa como la del asesor José Obdulio Gaviria, que considera que el Presidente es "un ser superior" que al parecer no necesita consejeros.

No obstante, es difícil negar que en esta materia hay diferencias abismales entre la primera y la segunda administración de Uribe. Existe una enorme distancia, por su cercanía con el Presidente, entre Jaime Bermúdez y Jorge Mario Eastman, o Ricardo Galán y César Mauricio Velásquez, para citar sólo dos ejemplos. No es lo mismo haber hecho parte del primer equipo de campaña que haber llegado tiempo después al staff presidencial. Y en cuanto a ministros con influencia ¿pocos por cierto¿ un abismo separa a Fernando Londoño de Carlos Holguín.

Durante el primer mandato,  Uribe tuvo entre sus asesores a muy cercanos amigos que le hablaban al oído como tales y no como subalternos. "No le hablaban al Presidente, le hablaban a Uribe, y como hacían parte de un proyecto político se consideraban responsables de su suerte, de su éxito o su fracaso ¿le dijo a CAMBIO un allegado al Presidente¿ Hoy no pasa lo mismo, pues los que llegaron le hablan al Presidente y pocos se atreven a decirle que no, así no compartan algunas de sus iniciativas".

De esta opinión discrepa un funcionario de la Casa de Nariño consultado por CAMBIO, que sostiene que el hecho de que los asesores de hoy tengan perfiles muy distintos no significa que no sean buenos: "Los primeros eran más amigos y los actuales son más distantes, pero todos pueden considerarse eficientes".

Esta apreciación, sin embargo, hay que recibirla con beneficio de inventario porque es la de una parte interesada. Y es que fuera de los corredores de Palacio, y aun entre algunos funcionarios de la Casa de Nariño, hay la sensación de que el Presidente necesita verdaderos asesores. "El Presidente siente que mucha de su gente cercana no le marcha a su ritmo", le comentó a CAMBIO un alto funcionario de Palacio.

Y aunque las cosas le han salido bien en circunstancias tan difíciles como las que se han presentado con el presidente Chávez, esto no significa que será siempre así. Un caso patético de falta de asesoría lo constituye el enfrentamiento con el presidente de la Corte Suprema de Justicia, pues como dice el editorial de El Tiempo de este miércoles, "aparte de la figuración que todo este lío está dando a los pugnaces abogados de ambas partes, el único resultado del absurdo 'choque de trenes' es un desgaste institucional que perjudica al Gobierno, a la Corte Suprema y a la Nación".

Casos como este hacen evidente que el Presidente está solo y que falta le hacen asesores con colmillo y más experiencia y autoridad de la que tienen quienes hoy lo rodean. Personas que puedan ponerle freno y oponerse a sus decisiones cuando lo consideren necesario, que fue el papel que cumplieron en la primera administración asesores como Bermúdez, Fabio Echeverri y José Roberto Arango. 

Casos aparte

José Obdulio Gaviria y Alicia Arango son harina de otro costal. Considerado el primero por fuera de Palacio como el gran asesor presidencial, varias fuentes consultadas sostienen que su papel como tal está sobredimensionado. "José Obdulio cumple más bien el papel de divulgador y defensor de las políticas del Gobierno-sostiene un asesor de la primera administración-. Es el hombre que articula en discursos las decisiones del Presidente".

Y es cierto que nadie como José Obdulio ha defendido a Uribe, pero eso no necesariamente quiere decir que sea un buen defensor. Como sostiene un allegado a la Casa de Nariño, "la tendencia de Gaviria a casar peleas y a descalificar a los contradictores, su dogmatismo y el endiosamiento que hace del Presidente, le restan peso a  sus argumentos".

Pero es tal vez Alicia Arango, su secretaria privada, la persona que hoy por hoy le habla al oído al Presidente. Está con él desde 2002 cuando era candidato presidencial, la época del 3% en las encuestas. Calificada hasta por los propios seguidores del jefe del Estado como la más uribista entre los uribistas, su temperamento explosivo, parecido al de su jefe, así como el hecho de que cultiva amores y odios, no la hacen una buena consejera. "Muchas veces Alicia termina por meterle gasolina a la candela, cuando lo que se necesita es un bombero que apague el fuego", afirma un ex asesor presidencial, que trabajó de cerca con Arango.

Si en Palacio nadie sabe -tal vez porque no existe-quién es el que más influye en el Presidente, todos coinciden al afirmar que, en privado, Lina Moreno es su mejor y más sensata consejera. "El propio Presidente lo dice", confirma uno de sus asesores, quien ha sido testigo de las referencias que Uribe hace de su esposa.

En Palacio hacen falta asesores con peso específico y, salvo por dos o tres excepciones, la situación se repite en el Gabinete. "En la actualidad no hay un ministro que se destaque sobre los demás -dice el senador uribista Armando Benedetti, uno de los congresistas con más acceso al Presidente- Por ejemplo, es alarmante la falta de liderazgo del Canciller, sobre todo cuando es urgente escuchar una voz autorizada en temas tan delicados como las relaciones con Venezuela, Nicaragua y Ecuador".

Benedetti no es el único parlamentario aliado del Gobierno que cuestiona el desempeño del gabinete. Carlos García, presidente del Partido de La U, sostiene que la crisis que se ha presentado con Venezuela por cuenta de la ofensiva de Chávez contra el Gobierno, "demostró que, aparte de Uribe,  dentro del uribismo no hay nadie capaz de gobernar, nadie ha mostrado el talante de estadista que se requiere en las actuales circunstancias". Y remata: "Por eso Uribe gobierna solo".

Sin embargo, no pocos consideran que el Ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, se ha convertido en un ministro de peso. A pesar de que estuvo en la picota pública por el escándalo de los falsos positivos y las chuzadas ilegales a periodistas y políticos de oposición, y en el ojo del huracán por una moción de censura a la que sobrevivió, ha sabido capitalizar los fuertes golpes que las Fuerzas Militares les han dado a las Farc, y ha estado muy cerca del Presidente en los delicados temas que coparon su agenda en los primeros días del año: el episodio de Emmanuel, la liberación de Clara Rojas y Consuelo González, y la crisis con Venezuela. "Sin ser muy allegado al Presidente, de alguna forma el ministro Santos ha llenado el vacío que dejaron los amigos que se fueron -sostiene un senador uribista-. De todos los miembros del gabinete es el mejor ranqueado".

Otro de los ministros con algo de peso es el de Agricultura, Andrés Felipe Arias, conocido como Uribito, quien según diversas fuentes "es el encargado de decirle a los funcionarios o a los amigos del Gobierno en el Congreso lo que Uribe quisiera decirles".

A pesar de que en la Casa de Nariño y antiguos colaboradores consideran que el Presidente no está solo, el panorama descrito demuestra lo contrario. En privado, el propio Uribe ha dicho que le gustaría contar con funcionarios más comprometidos con las causas del Gobierno y en varias oportunidades ha expresado su malestar por el silencio de algunos asesores, ministros y hasta miembros de la bancada oficial. "El Presidente ha mostrado su disgusto, por ejemplo, cuando Germán Vargas Lleras se queda callado ante una arremetida de la oposición", le dijo a CAMBIO un asesor de Palacio. 

 "Que el Presidente se siente solo y está solo,  es evidente", le dijo a CAMBIO un antiguo colaborador de Uribe. Y agrega que al mandatario le gustaría contar con funcionarios con más garra.

La gran paradoja

No deja de ser paradójico que en momentos en que los indicadores de gestión del Gobierno son los más positivos de los últimos años -Gallup registra índices de favorabilidad del 80%- Uribe esté sólo y no tenga un equipo con el peso necesario para enfrentar los retos que plantea la actual coyuntura. La soledad para tomar decisiones no es sinónimo de falta de apoyo o solidaridad. Más bien, es el resultado de un peculiar estilo gerencial y del desgaste que sufren los colaboradores más cercanos de un Presidente con el paso del tiempo.

Con los crecientes niveles de popularidad y los elogios que ha recibido Uribe por sus actitudes frente a Chávez y por el reciente viaje a Europa,  la falta de equipo no es un tema de preocupación en el Palacio de Nariño.

Sin embargo, no ocurre lo mismo por fuera, y en especial entre aliados del Gobierno y antiguos funcionarios que conocen los riesgos en que se incurre por la falta de un trabajo en equipo.

Se escuchan voces en el sentido de que el Presidente necesita con urgencia compañía, sobre todo en aquellas carteras que han sufrido un natural desgaste, producto de más de cinco años de gestión, o en otras que no han dado los resultados esperados por el propio Presidente. Incluso se habla del posible regreso de ex miembros del círculo íntimo como Jaime Bermúdez, actual Embajador en Argentina, o Ricardo Galán, miembro de la Comisión Nacional de Televisión.

La preocupación tiene que ver, también, con el momento por el que atraviesa el mandato de Álvaro Uribe, el más complejo desde su comienzo en 2002. En las relaciones internacionales, la crisis con Venezuela, los problemas con Nicaragua y Ecuador, y las dificultades para domar al Congreso demócrata en Estados Unidos, constituyen uno de los panoramas más difíciles en muchos años.

En la economía, las alarmas están prendidas sobre los efectos de la inminente recesión de Estados Unidos y un eventual cierre del mercado venezolano. En el tema del intercambio humanitario, las alternativas están prácticamente cerradas pero a la vez está más fuerte que nunca la presión de la comunidad internacional y de las familias de las víctimas. Y en lo político, pronto empezarán a sentirse los vientos de una nueva campaña.

Mucho más solo que en su primer cuatrienio, en síntesis,  Uribe enfrenta los más grandes retos de su Gobierno y por eso resultan preocupantes las señales de soledad. ¿Quién le está proponiendo una hoja de ruta para superar la peligrosa pelea con Chávez? ¿Nadie le dijo que el choque de trenes con el presidente de la Corte Suprema de Justicia es inconveniente, innecesario e inoportuno? ¿Tiene sentido que un presidente se desgaste escribiendo comunicados? ¿O que  asuma de facto la mayoría de las carteras gubernamentales? ¿Alcanzan la energía y el tiempo de una sola persona -así tenga una gran capacidad de trabajo-para enfrentar un momento tan difícil?

El presidente Uribe ha demostrado que es un gran jugador y que le gusta apostar duro. Pero asumir riesgos innecesarios puede resultar inútil.  El juicio histórico sobre su mandato puede llegar a determinarse más por los difíciles  dos años y medio que faltan, que por los exitosos cinco y medio que ya pasaron.

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