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Sin embargo, no pocos consideran que el Ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, se ha convertido en un ministro de peso. A pesar de que estuvo en la picota pública por el escándalo de los falsos positivos y las chuzadas ilegales a periodistas y políticos de oposición, y en el ojo del huracán por una moción de censura a la que sobrevivió, ha sabido capitalizar los fuertes golpes que las Fuerzas Militares les han dado a las Farc, y ha estado muy cerca del Presidente en los delicados temas que coparon su agenda en los primeros días del año: el episodio de Emmanuel, la liberación de Clara Rojas y Consuelo González, y la crisis con Venezuela. "Sin ser muy allegado al Presidente, de alguna forma el ministro Santos ha llenado el vacío que dejaron los amigos que se fueron -sostiene un senador uribista-. De todos los miembros del gabinete es el mejor ranqueado".
Otro de los ministros con algo de peso es el de Agricultura, Andrés Felipe Arias, conocido como Uribito, quien según diversas fuentes "es el encargado de decirle a los funcionarios o a los amigos del Gobierno en el Congreso lo que Uribe quisiera decirles".
A pesar de que en la Casa de Nariño y antiguos colaboradores consideran que el Presidente no está solo, el panorama descrito demuestra lo contrario. En privado, el propio Uribe ha dicho que le gustaría contar con funcionarios más comprometidos con las causas del Gobierno y en varias oportunidades ha expresado su malestar por el silencio de algunos asesores, ministros y hasta miembros de la bancada oficial. "El Presidente ha mostrado su disgusto, por ejemplo, cuando Germán Vargas Lleras se queda callado ante una arremetida de la oposición", le dijo a CAMBIO un asesor de Palacio.
"Que el Presidente se siente solo y está solo, es evidente", le dijo a CAMBIO un antiguo colaborador de Uribe. Y agrega que al mandatario le gustaría contar con funcionarios con más garra.
La gran paradoja
No deja de ser paradójico que en momentos en que los indicadores de gestión del Gobierno son los más positivos de los últimos años -Gallup registra índices de favorabilidad del 80%- Uribe esté sólo y no tenga un equipo con el peso necesario para enfrentar los retos que plantea la actual coyuntura. La soledad para tomar decisiones no es sinónimo de falta de apoyo o solidaridad. Más bien, es el resultado de un peculiar estilo gerencial y del desgaste que sufren los colaboradores más cercanos de un Presidente con el paso del tiempo.
Con los crecientes niveles de popularidad y los elogios que ha recibido Uribe por sus actitudes frente a Chávez y por el reciente viaje a Europa, la falta de equipo no es un tema de preocupación en el Palacio de Nariño.
Sin embargo, no ocurre lo mismo por fuera, y en especial entre aliados del Gobierno y antiguos funcionarios que conocen los riesgos en que se incurre por la falta de un trabajo en equipo.
Se escuchan voces en el sentido de que el Presidente necesita con urgencia compañía, sobre todo en aquellas carteras que han sufrido un natural desgaste, producto de más de cinco años de gestión, o en otras que no han dado los resultados esperados por el propio Presidente. Incluso se habla del posible regreso de ex miembros del círculo íntimo como Jaime Bermúdez, actual Embajador en Argentina, o Ricardo Galán, miembro de la Comisión Nacional de Televisión.
La preocupación tiene que ver, también, con el momento por el que atraviesa el mandato de Álvaro Uribe, el más complejo desde su comienzo en 2002. En las relaciones internacionales, la crisis con Venezuela, los problemas con Nicaragua y Ecuador, y las dificultades para domar al Congreso demócrata en Estados Unidos, constituyen uno de los panoramas más difíciles en muchos años.
En la economía, las alarmas están prendidas sobre los efectos de la inminente recesión de Estados Unidos y un eventual cierre del mercado venezolano. En el tema del intercambio humanitario, las alternativas están prácticamente cerradas pero a la vez está más fuerte que nunca la presión de la comunidad internacional y de las familias de las víctimas. Y en lo político, pronto empezarán a sentirse los vientos de una nueva campaña.
Mucho más solo que en su primer cuatrienio, en síntesis, Uribe enfrenta los más grandes retos de su Gobierno y por eso resultan preocupantes las señales de soledad. ¿Quién le está proponiendo una hoja de ruta para superar la peligrosa pelea con Chávez? ¿Nadie le dijo que el choque de trenes con el presidente de la Corte Suprema de Justicia es inconveniente, innecesario e inoportuno? ¿Tiene sentido que un presidente se desgaste escribiendo comunicados? ¿O que asuma de facto la mayoría de las carteras gubernamentales? ¿Alcanzan la energía y el tiempo de una sola persona -así tenga una gran capacidad de trabajo-para enfrentar un momento tan difícil?
El presidente Uribe ha demostrado que es un gran jugador y que le gusta apostar duro. Pero asumir riesgos innecesarios puede resultar inútil. El juicio histórico sobre su mandato puede llegar a determinarse más por los difíciles dos años y medio que faltan, que por los exitosos cinco y medio que ya pasaron.