La renuncia de Carlos Medellín a la embajada en el Reino Unido crea una tormenta en el Gobierno

Tras su renuncia, Carlos Medellín encabezará un equipo jurídico para presionar la reapertura de la investigación por la muerte de Cano. Foto: Felipe Caicedo / Cambio

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EL EMBAJADOR saliente de Colombia en el Reino Unido, Carlos Medellín, y a quien el Gobierno le ofreció la Embajada en Holanda, llegó a Bogotá el pasado viernes 14 en la noche, convocado por la Cancillería para una serie de reuniones relacionadas con la estrategia que Colombia debe seguir para defender su posición en materia de áreas marítimas, el aspecto del litigio con Nicaragua que el reciente fallo de la Corte Internacional de La Haya dejó pendiente de definición.

El sábado en la mañana, su esposa María José Cano le dijo que estaban invitados a la casa de su madre, Ana María Busquets de Cano, donde se reunirían con sus hermanos Juan Guillermo, Fernando y Camilo. Después del almuerzo, Medellín y su esposa salieron a reunirse con la familia y ya allí, al final de la tarde, llegó un ejemplar de El Espectador. El artículo de primera página titulado Lazos familiares, sobre el estado de la investigación por el asesinato hace 21 años del entonces director, Guillermo Cano, por orden de Pablo Escobar, llamó la atención de su viuda y sus hijos.

El periódico pasó de mano en mano, cada uno lo leyó en silencio hasta que le llegó el turno a Medellín, quien por las caras de su esposa, su suegra y sus cuñados advirtió que algo distinto a lo que ya todos sabían los había dejado prácticamente congelados. El ex ministro leyó el artículo y tras un largo silencio les dijo que el contenido lo obligaba a renunciar a la Embajada en Holanda, país que ya le había dado el beneplácito.

CAMBIO pudo establecer, con una fuente cercana a la familia Cano, que Medellín encontró especialmente grave en el artículo el hecho de que Carlos Alberto Gaviria Vélez, hermano mayor del asesor del presidente Uribe, José Obdulio Gaviria, apareciera mencionado al lado de Luis Carlos Molina Yepes, el hombre que administró el dinero de la mafia para asesinar a Cano, el 17 de diciembre de 1986, cuando salía de la sede del periódico.

El artículo revivió en la familia Cano todo el horror y el dolor por el asesinato de quien, con valentía, desde su columna Libreta de Apuntes, se convirtió en uno de los principales cruzados de la lucha contra las mafias del narcotráfico, al lado del entonces Ministro de Justicia, Rodrigo Lara Bonilla, que había  empezado una lucha frontal contra el fenómeno en 1983. "¿Dónde están que no los ven?", se preguntó Cano muchas veces, refiriéndose a los jefes de los carteles de la droga.

Y su viuda y sus hijos recordaron también que, gracias a sus denuncias, Pablo Escobar no había podido llegar a la Cámara como suplente de Jairo Ortega, el hombre que le tendió una trampa a Lara Bonilla en el Congreso con un cheque del narcotraficante Evaristo Porras. Cano se había encargado de recordar la vieja historia de un jalador de carros cuyo rostro coincidía con el del capo.

Esos recuerdos y saber que un hermano del asesor presidencial José Obdulio Gaviria había pertenecido al círculo de Molina Yepes, llevaron a Medellín a tomar la decisión de renunciar a la Embajada en Holanda y marginarse del Gobierno. La conexión tan directa del hermano mayor del asesor presidencial con el hombre que había distribuido la plata del cartel de Medellín para asesinar a Cano, enfrentaron al ex ministro a un dilema ético y a un conflicto personal e íntimo.

Medellín experimentó la misma sensación de incomodidad y duda que, días antes, había sentido Rodrigo Lara, zar anticorrupción, al leer un artículo de El Nuevo Herald que ataba cabos sueltos en el caso de la muerte de su padre, Rodrigo Lara Bonilla, asesinado también por el cartel de Medellín, y cuya lectura lo llevó a renunciar.

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