Piedad Córdoba, la luchadora

CRITICADA, CUESTIONADA y odiada por el establecimiento, terminó pagando los platos rotos de un proceso fallido pero en el cual puso todo su empeño, energía y entusiasmo, convencida de que era posible vencer las resistencias de Gobierno y Farc para hacer un acuerdo humanitario que permitiera liberar 45 secuestrados a cambio de 500 guerrilleros presos.

Comprometida con la causa y víctima ella misma del secuestro -estuvo en poder de Carlos Castaño-, la aguerrida senadora liberal no se dio tregua y en menos de tres meses hizo innumerables contactos para hacer viable el acuerdo. Se reunió con jefes guerrilleros, congresistas estadounidenses y representantes de gobiernos europeos, familiares de secuestrados y de subversivos presos, y logró gestos antes impensables, como que  las autoridades estadounidenses le permitieran entrevistarse en la cárcel con Simón Trinidad y Sonia, que renunciaron a ser incluídas en la lista de canjeables para que este fuera posible.

No obstante algunos errores por exceso de entusiasmo, Piedad no es, ni mucho menos, la responsable del fracaso del proceso. Cuenta con el apoyo de las familias de los secuestrados y de millones de colombianos que luchan por los derechos humanos y la reconciliación entre los colombianos.

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