"LA HISTORIA MÍA comienza en 1985, cuando me desplacé de Suárez, Cauca, por primera vez. Han pasado 22 años y ya perdí la noción de cuántas veces tuve que correr, pero en mi mente están vivos dos momentos: he tenido que vivir en el distrito de Aguablanca en Cali, y luego en Bogotá. Volver a la tierra es un sueño.
"Ser desplazado es una condena porque uno se lleva en cada viaje la historia de muertos, desaparecidos, amenazas... En 2000, cuando vivía en Aguablanca y denuncié que las autodefensas, con apoyo de algunos militares, estaban reclutando jóvenes, me tuve que desplazar otra vez. Yo, una simple vendedora de chontaduro, con siete hijos para mantener.
"A los desplazados nos toca ponernos la camiseta de la defensa de los derechos en una guerra en la que los que más sufren son las mujeres, los jóvenes y los niños. Como a veces no nos protegen, nos toca protegernos entre nosotros mismos. Por eso estoy al frente de la Organización para el Desarrollo Integral de la Mujer y la Infancia, Asomujer y Trabajo, que apoya a 50 familias. Es la forma de, al menos, tener derechos y orientar a otros sobre cómo reclamarlos. Sólo queda esperar que la Justicia llegue y obligue a responder a los autores de tantos crímenes".
Su hijo, Carlos Augusto Rodríguez Vera fue una de las víctimas de la toma del Palacio de Justicia
Llevó al triunfo al Cúcuta Deportivo y ahora está al frente de la Selección
Está convencido de la importancia de actuar en forma coordinada en busca de un mismo objetivo
Encabeza el equipo de magistrados auxiliares encargados de apoyar a la Corte Suprema de Justicia