En qué están las Farc

Esta imagen, de los principales miembros del Secretariado juntos, no se repite desde 2002. Hoy están en desbandada y lejos uno del otro.

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EL 29 DE ABRIL DE 2000, Jacinto Bermúdez, tercero al mando del frente 36 de las Farc en Antioquia, llegó a San Vicente del Caguán, Caquetá, para asistir al lanzamiento del Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia y fue recibido por dos guerrilleros sonrientes e impecablemente uniformados que le ofrecieron una taza de tinto caliente. Una vez en el lugar donde Alfonso Cano pronunciaría el discurso central, Bermúdez les comentó a sus compañeros en armas: "Carajo, ahora sí nos vamos a tomar el poder".

El entusiasmo del guerrillero por el futuro de la organización armada ilegal tenía que ver con el hecho de que por primera vez veía a 5.000 alzados en armas, con fusiles modernos, uniformes de fatiga recién estrenados y equipados con todo tipo de pertrechos. La vistosidad del desfile y el despliegue de fuerza militar en plena zona de distensión convencieron a Bermúdez de que su viejo sueño de manejar los destinos de Colombia estaba a la vuelta de la esquina.

La percepción del guerrillero no se alejaba de la realidad, puesto que por aquella época las Farc habían llegado a la increíble cifra de 16.900 hombres armados, distribuidos en 67 frentes en todo el país, y respaldados por 20.000 milicianos en las cabeceras municipales. El esfuerzo que habían hecho en ese momento las Fuerzas Militares y de Policía por copar todo el territorio nacional parecía insuficiente ya que 199 municipios se encontraban a merced de los subversivos. "No es que las Fuerzas Militares fueran incapaces de doblegar al enemigo: era que no teníamos ni los recursos ni la tropa suficiente para enfrentarlos y vencerlos", dijo a CAMBIO un alto oficial que estuvo al frente de un batallón en 2000.

Pero es mucha el agua que ha corrido bajo los puentes desde 2002, cuando Andrés Pastrana rompió en febrero el proceso de paz con las Farc y Alvaro Uribe arrasó en las elecciones de mayo con su consigna de derrotar a la guerrilla por la vía militar. Hoy, cinco años después, y cuando ese grupo guerrillero ha sido golpeado por la Fuerza Pública en algunas de sus estructuras y han fracasado varios intentos de acercamientos para el intercambio humanitario, incluyendo el más reciente de Hugo Chávez y Piedad Córdoba, parece cada día más distante que las Farc logren el objetivo primordial que se trazaron hace más de 40 años: tomarse el poder por las armas.

Después de consultar diversas fuentes oficiales y de efectuar varias entrevistas con jefes guerrilleros desmovilizados, hablar con expertos en el comportamiento de ese grupo rebelde  y tener acceso a documentos de esa organización, CAMBIO logró armar el rompecabezas de la situación actual de las Farc desde el punto de vista militar y político.

Aún cuando es claro que el movimiento insurgente comandado por Manuel Marulanda está lejos de ser derrotado, es evidente que en los últimos cinco años ha sido duramente golpeado. De acuerdo con la investigación de CAMBIO, el número de combatientes en armas se redujo de 16.900, que había en plena época del Caguán, a 8.900. Al mismo tiempo, los frentes subversivos han sido diezmados de manera significativa, hasta el punto de que al menos 20 de ellos han desaparecido en la práctica. El caso más dramático para esa organización es el de la columna móvil Teófilo Forero, considerada el cuerpo élite más eficiente en la historia de las Farc, que prácticamente se encuentra desmantelada.

La pérdida de control territorial de las Farc es tan clara que en la actualidad no tienen frentes operando en Cundinamarca y Boyacá, y no cuentan con la influencia que ejercían en la mayor parte de la Costa Caribe. Hoy la fuerza militar del grupo rebelde se ha desplazado a la zona de frontera con Venezuela, Ecuador y Panamá, y ha replegado a sus mejores hombres a proteger sus antiguos santuarios en Guaviare, Caquetá, sur del Meta, Putumayo y Nariño.

El declive

La época de las vacas gordas de las Farc empezó su declive cuando la Política de Seguridad Democrática de Uribe lanzó a las selvas del sur del país a cerca de 18.000 hombres para que pusieran en marcha el Plan Patriota, cuya finalidad era arrebatarles el control que ejercían a su antojo en Caquetá, Putumayo, Guaviare, Cauca y sur del Meta.

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