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El sueño de Jacinto Bermúdez de ver a las Farc en el poder se desvaneció completamente. El otrora poderoso ejército que vio en el Caguán en 2000 está diezmado notablemente, así como buena parte de los frentes que conformaban la poderosa organización militar de Tirofijo. Los detalles obtenidos por CAMBIO no dejan duda de que al menos 20 de ellos, incluida la poderosa columna Teófilo Forero, fueron desmantelados o reducidos a su mínima expresión. Esta estructura, que se hizo famosa por la ejecución de atentados como el del Club el Nogal de Bogotá o el asalto de un edificio en Neiva, llegó a tener en 2000 cerca de 500 hombres. En la actualidad tiene tan sólo 54 integrantes.
Uno de los casos que más llama la atención es el del frente 52, que operaba en la región del Sumapaz, en Cundinamarca, que se desintegró por física sustracción de materia, pues de sus 200 integrantes sólo quedaron tres, que fueron reubicados en otros frentes. Similar suerte corrió el 40, que actuaba en Meta, disuelto ante el creciente número de deserciones y la pérdida de cerca de 7.000 millones de pesos que, al parecer, fueron robados por sus comandantes. Algo parecido ocurrió con los frentes 26 y 31, que sumaban 220 hombres y a mediados de este año apenas contaban en sus filas a menos de 50.
Y en lo que tiene que ver con la Costa Caribe, las estructuras más golpeadas son las que estaban bajo el mando del extinto Martín Caballero. Según la información obtenida por CAMBIO, los frentes 19 y 35, que operaban en los Montes de María y la Sierra Nevada fueron borrados del mapa por cuenta de las deserciones y las bajas. La muerte de su comandante se convirtió en la estocada final de esas estructuras militares.
Si bien es inocultable que las Farc han perdido territorios y a una parte importante de sus hombres, esta situación adversa las ha forzado a modificar su modo de operar. De un lado, la amenaza de los bombardeos llevó a los rebeldes a actuar de nuevo en grupos pequeños -no superiores a 10 unidades- y evitar las grandes concentraciones de subversivos.
De otro lado, el desmantelamiento de frentes obligó a la organización a replegarse hacia el sur del país, donde mantienen una fortaleza militar evidente, y a situarse en las zonas de frontera.
En tal sentido, el poder de Jorge Suárez Briceño, Mono Jojoy, se mantiene intacto y por ello es comandante indiscutible de los bloques Oriental y Sur. El repliegue de sus hombres y el conocimiento del terreno les ha permitido enfrentar, con relativo éxito, la ofensiva de las tropas.
Con todo, el flanco financiero de las Farc depende cada día más del narcotráfico, ante la curva decreciente que muestran el secuestro y otras fórmulas de carácter extorsivo. De acuerdo con el más reciente estudio del Sistema de Monitoreo Satelital de la Organización de las Naciones Unidas (Simci), las Farc producen cerca de 510 toneladas de cocaína anualmente.
¿Qué sigue?
Pero el hecho de que las Farc se encuentren duramente golpeadas en el terreno militar y prácticamente sin ningún juego político nacional e internacional, mucho más después del fracaso de la mediación de Hugo Chávez y la facilitación de Piedad Córdoba para lograr el intercambio humanitario, no significa que ese grupo guerrillero se encuentre al borde del colapso. Para el analista político Alejo Vargas, "las Farc en su historia han sido muy capaces de adaptarse a los nuevos desarrollos de sus contrincantes. Una derrota militar no es posible en el corto plazo". El analista sostiene, además, que pese a haber perdido un buen número de hombres en los últimos años, todavía mantiene una fuerza militar suficiente para seguir enfrentando al Ejército Nacional y por ello "no puede subestimarse su capacidad de reacción".
Una visión distinta tiene Jorge Rojas, director de la Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento, Codhes, quien sostiene que "las Farc se trasladaron a Amazonas, Guainía, Vichada y Vaupés, en un proceso de copamiento de territorio. Es una estrategia de expansión de su retaguardia en 360.000 kilómetros de selva en la Orinoquía, donde es posible un escalonamiento del conflicto".
Pablo Casas, investigador de la Fundación Seguridad y Democracia, explica que la política de Seguridad Democrática ha puesto a las Farc en las condiciones de hace 10 años y por eso optaron por el repliegue a sitios apartados. "Ha habido un repliegue muy importante y se han visto obligadas a volver a zonas más apartadas reduciéndose sustancialmente su capacidad operativa. Asimismo, se han debilitado en sus estructuras de apoyo -dice el investigador-. Sin embargo, aún falta golpear las estructuras más fuertes en su capacidad militar".