Objetivo 2010

Álvaro Uribe, presidente de la República. Samuel Moreno, Álcalde electo de Bogotá.

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EL PASADO DOMINGO, en medio de la celebración por su elección como Alcalde de Bogotá, Samuel Moreno Rojas le comentó a un grupo cercano de amigos que le preocupaba mucho la actitud particularmente agresiva del presidente Álvaro Uribe contra el Polo Democrático, porque no sólo podía poner en riesgo a sus militantes, sino porque estaba demostrado que para administrar a Bogotá es necesario tener buenas relaciones con la Presidencia. "Aquí no podemos actuar con rencores, ni tampoco podemos pasar cuentas de cobro -afirmó Moreno-. Lo que tenemos que hacer es pasar la página cuanto antes y comenzar a trabajar por el bien de la ciudad".

El mandatario electo departió con seguidores y conversó animadamente con miembros de su campaña, pero no pudo ocultar la incomodidad que le causaron las declaraciones de Uribe al final de la campaña, pidiendo no votar por candidatos que no condenaban la combinación de todas las formas de lucha ni rechazaban prácticas como la compra de votos pues, aunque no lo había mencionado con nombre propio, era evidente que eran contra él.

El lunes 29 en la mañana, el Alcalde electo no comprometió su agenda porque esperaba que el Presidente le hiciera una llamada para concertar una cita en la Casa de Nariño. Así lo había hecho con Lucho Garzón a quien había llamado para felicitarlo por el triunfo y lo había invitado a Palacio.

Moreno, un hombre conciliador por principio, esperaba un gesto similar y aspiraba a que la reunión con Uribe sirviera para limar asperezas y ponerle fin a la guerra verbal desatada en su contra.  Pero el teléfono nunca sonó y el malestar aumentó. El nuevo alcalde no podía ser indiferente a tanta hostilidad, después de otro episodio el lunes en la noche: en la alocución por televisión para hacer un balance de la jornada electoral, el Presidente ignoró por completo su triunfo. Y no sólo eso. Varios dirigentes del Polo acusaron un golpe adicional, pues Uribe destacó la buena gestión del Alcalde de Medellín, Sergio Fajardo, pero no le dio crédito alguno a Garzón con quien, pese a las diferencias políticas, siempre ha tenido buenas relaciones. 

En cuanto a la reunión con Uribe, un vocero de la Casa de Nariño le dijo a CAMBIO que no hay normas de protocolo que obliguen al Jefe del Estado a llamar al Alcalde electo de Bogotá o invitarlo a Palacio, y el asesor José Obdulio Gaviria dijo con cinismo no saber "si hay algún motivo especial para ese encuentro".  No obstante, el miércoles en la tarde la Casa de Nariño hizo saber que el encuentro entre el Presidente y el Alcalde electo era inminente. Pese a ello, el desaire presidencial era ya un hecho.

Recibir al nuevo alcalde es un acto elemental de cortesía, pues como dice el refrán popular "lo cortés no quita lo valiente". De ahí que el silencio del Presidente haya sido interpretado como una actitud hostil contra quien, gústele o no, fue elegido con la mayor votación en la historia de la capital y quien desempeñará el segundo cargo más importante del país.

Para algunos, la actitud camorrera del Presidente no sólo dejará secuelas en el entorno de Moreno, sino que puede convertir a Bogotá en el chivo expiatorio y en la víctima que debe pagar los platos rotos porque, como dijo el ex candidato y ex concejal Juan Carlos Flórez, "del entendimiento entre los dos mandatarios dependen muchas cosas de la ciudad". 

La brecha entre la Casa de Nariño y el futuro inquilino del Palacio Liévano ni siquiera pudo ser disminuida por el vicepresidente Francisco Santos y el ministro de Medio Ambiente Juan Lozano, que se reunieron con Moreno y lo felicitaron en nombre del Gobierno.

En el encuentro, cordial y ameno, quedó claro que "las agendas de la Nación y el Distrito son importantes y deben ser tratadas por el Presidente y el Alcalde", como le dijo a CAMBIO una fuente cercana a Moreno. En el mismo sentido se pronunciaron el senador Germán Vargas, jefe de Cambio Radical, partido de la coalición de Gobierno, y el alcalde Garzón, quien dijo: "Una reunión entre el nuevo alcalde y el Presidente no es una cuestión de odios o amores, es un deber constitucional y de asuntos clave para la ciudad. En este sentido no puede haber 'chiripiorcas'".

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1 al 7 de Noviembre