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POR MAURICIO VARGAS
periodista y escritor.
A PESAR de que el influjo de las Farc y la parapolítica sigue siendo fuerte en decenas de municipios, las elecciones del domingo pasarán a la historia como aquellas en que los votantes libres demostraron que, cuando hay decisión y un buen candidato, es posible derrotar a las maquinarias corruptas, al clientelismo y a las mafias. Con significativas victorias en regiones tan variadas como la Costa Caribe, Medellín, Santander, Nariño y Villavicencio, los aspirantes a alcaldes y gobernadores que se desmarcaron de los viejos aparatos de la política tradicional, que combatieron el influjo parapolítico y que se enfrentaron a oponentes apoyados por las mafias del chance y los contratos, salieron airosos en una rebelión que, aún si no ganó todas las batallas, obtuvo triunfos suficientes como para pensar que nuestra democracia está más sana de lo que muchos pensábamos.
Una mirada a lo sucedido en buena parte de la Costa permite alentar esas esperanzas. En Atlántico, el candidato liberal Eduardo Verano, con escaso apoyo politiquero y mucho respaldo de opinión, obtuvo más de 345.000 votos y le pasó por encima a uno de los grandes caciques de la historia del país, José Name, quien no llegó a los 215.000, después de un cuarto de siglo de indiscutible reinado en ese departamento. En Barranquilla, aunque Alex Char, hijo del senador Fuad Char, heredaba como tal un caudal político importante, su triunfo va mucho más lejos. Los 220.000 votos (59% de la votación) con los que barrió a sus oponentes en todos los estratos, le dejan las manos libres para no depender de los viejos caciques. A pesar de que Char había sellado una alianza a principios de la campaña con Name, éste hizo con Édgar Perea un pacto de última hora que de nada le sirvió al narrador deportivo, inscrito por Colombia Democrática, uno de los partidos parapolíticos, y quien terminó tercero a pesar de la ayudita de Name y de la plata de dicho grupo.
Cartagena y Bolívar también salieron bien librados. En El Corralito de piedra, la rebelde Judith Pinedo, que se enfrentó a la maquinaria de contratistas y chanceros y se negó a pactar con partido tradicional o parapolítico alguno, le ganó por amplio margen (115.000 votos contra 70.000) a Juan Carlos Gossaín, inscrito -como Perea- por Colombia Democrática. Pinedo, que por años ha denunciado la mafia clientelista y de los contratos, tiene ahora la oportunidad de desmontar esas estructuras que por años han esquilmado a la ciudad. En el departamento, el candidato apoyado por la detenida empresaria del chance, Enilse López, La Gata, también mordió el polvo. En efecto, Alfonso López Cossio, de La U, perdió ante el aspirante de Cambio Radical, Joaco Berrío.
Otra buena noticia se dio en Santa Marta, que en sucesivas elecciones vio cómo la parapolítica impuso mandatarios. Ganó un muchacho de 28 años, Juan Pablo Díaz-Granados, inscrito por el Partido Liberal, que duplicó con holgura (57.000 a 25.000) a José Domingo Dávila Armenta, del controvertido clan de los Dávila, apoyado por Convergencia Ciudadana, el grupo de Luis Alberto Gil y varios más llamados por la Corte en procesos por la parapolítica. En Cesar, uno de los departamentos más sometidos por el yugo parapolítico, también pasaron cosas buenas. Christian Moreno fue elegido gobernador en contra de los designios del clan Araújo y del ex gobernador Hernando Molina. Hace cuatro años, Moreno fue obligado por las Auc a renunciar a su aspiración.
En Villavicencio y otras regiones llaneras también hubo signos positivos. En la capital de Meta se impuso Héctor Raúl Franco, del Partido Liberal, a quien se oponían las fuerzas que tradicionalmente contaron con el apoyo paramilitar.
En Casanare fue derrotado Efrén Hernández, quien según el diario El Tiempo apareció en un vídeo con El Tábano, un conocido jefe paramilitar.
Lo de Santander merece mención aparte. Horacio Serpa, tres veces derrotado en las presidenciales, volvió a su tierra y con el respaldo de empresarios y líderes tanto del uribismo como de la izquierda y del liberalismo, se enfrentó a la maquinaria de Convergencia Ciudadana, varios de cuyos dirigentes están involucrados en el escándalo parapolítico. Las manifestaciones de su oponente, en las que el dinero en efectivo circulaba a torrentes, no bastaron para derrotar al hombre de los bigotes que obtuvo casi medio millón de votos, cerca del doble del candidato de Convergencia Dídier Tavera.
¿Y qué tal lo de Medellín? Toda la maquinaria partidista, sin excepción; toda la clase política, sin excepción, y dicen que también los capitanes de las comunas donde todavía tiene algún mando el paramilitarismo, se fueron contra Alonso Salazar, el ex secretario de Gobierno del alcalde Sergio Fajardo, en una administración que le cambió la cara a la capital paisa. Incluso las encuestas le daban, hasta pocas horas antes, el triunfo al ex alcalde Luis Pérez, quien hace cuatro años había dejado el cargo en medio de escándalos de despilfarro. Pero ganó Salazar, 272.000 votos contra 239.000 de Pérez.
En Nariño, el Polo Democrático obtuvo su única victoria importante aparte de la muy clave de Bogotá. Lo hizo en cabeza de uno de sus mejores líderes, Antonio Navarro, quien no sólo le ganó al candidato de La U, Germán Chamorro, por 262.000 contra 172.000, sino que derrotó a la oposición de narcotraficantes, paras y clientelistas de viejo cuño.
¿Cuál es la clave para derrotar a las maquinarias mafiosas? El denominador común de Verano, Char, Pinedo, Díaz-Granados, Salazar, Navarro, Christian Moreno y Serpa, es que fueron buenos candidatos que hicieron buenas campañas, que ofrecieron sobre todo programas concretos y simbolizaron la lucha contra la corrupción y las mafias. Además, derrotaron la abstención, fueron capaces de movilizar a escépticos e indiferentes. En Santander votó más del 64% del censo; en Nariño el 59% y en Medellín, una de las ciudades más abstencionistas, el 53%.