Octubre 31 de 2007

Objetivo 2010

Detrás del desaire al alcalde electo de Bogotá, Samuel Moreno, estaría la intención de Álvaro Uribe de buscar la segunda reelección.

EL PASADO DOMINGO, en medio de la celebración por su elección como Alcalde de Bogotá, Samuel Moreno Rojas le comentó a un grupo cercano de amigos que le preocupaba mucho la actitud particularmente agresiva del presidente Álvaro Uribe contra el Polo Democrático, porque no sólo podía poner en riesgo a sus militantes, sino porque estaba demostrado que para administrar a Bogotá es necesario tener buenas relaciones con la Presidencia. "Aquí no podemos actuar con rencores, ni tampoco podemos pasar cuentas de cobro -afirmó Moreno-. Lo que tenemos que hacer es pasar la página cuanto antes y comenzar a trabajar por el bien de la ciudad".

El mandatario electo departió con seguidores y conversó animadamente con miembros de su campaña, pero no pudo ocultar la incomodidad que le causaron las declaraciones de Uribe al final de la campaña, pidiendo no votar por candidatos que no condenaban la combinación de todas las formas de lucha ni rechazaban prácticas como la compra de votos pues, aunque no lo había mencionado con nombre propio, era evidente que eran contra él.

El lunes 29 en la mañana, el Alcalde electo no comprometió su agenda porque esperaba que el Presidente le hiciera una llamada para concertar una cita en la Casa de Nariño. Así lo había hecho con Lucho Garzón a quien había llamado para felicitarlo por el triunfo y lo había invitado a Palacio.

Moreno, un hombre conciliador por principio, esperaba un gesto similar y aspiraba a que la reunión con Uribe sirviera para limar asperezas y ponerle fin a la guerra verbal desatada en su contra.  Pero el teléfono nunca sonó y el malestar aumentó. El nuevo alcalde no podía ser indiferente a tanta hostilidad, después de otro episodio el lunes en la noche: en la alocución por televisión para hacer un balance de la jornada electoral, el Presidente ignoró por completo su triunfo. Y no sólo eso. Varios dirigentes del Polo acusaron un golpe adicional, pues Uribe destacó la buena gestión del Alcalde de Medellín, Sergio Fajardo, pero no le dio crédito alguno a Garzón con quien, pese a las diferencias políticas, siempre ha tenido buenas relaciones. 

En cuanto a la reunión con Uribe, un vocero de la Casa de Nariño le dijo a CAMBIO que no hay normas de protocolo que obliguen al Jefe del Estado a llamar al Alcalde electo de Bogotá o invitarlo a Palacio, y el asesor José Obdulio Gaviria dijo con cinismo no saber "si hay algún motivo especial para ese encuentro".  No obstante, el miércoles en la tarde la Casa de Nariño hizo saber que el encuentro entre el Presidente y el Alcalde electo era inminente. Pese a ello, el desaire presidencial era ya un hecho.

Recibir al nuevo alcalde es un acto elemental de cortesía, pues como dice el refrán popular "lo cortés no quita lo valiente". De ahí que el silencio del Presidente haya sido interpretado como una actitud hostil contra quien, gústele o no, fue elegido con la mayor votación en la historia de la capital y quien desempeñará el segundo cargo más importante del país.

Para algunos, la actitud camorrera del Presidente no sólo dejará secuelas en el entorno de Moreno, sino que puede convertir a Bogotá en el chivo expiatorio y en la víctima que debe pagar los platos rotos porque, como dijo el ex candidato y ex concejal Juan Carlos Flórez, "del entendimiento entre los dos mandatarios dependen muchas cosas de la ciudad". 

La brecha entre la Casa de Nariño y el futuro inquilino del Palacio Liévano ni siquiera pudo ser disminuida por el vicepresidente Francisco Santos y el ministro de Medio Ambiente Juan Lozano, que se reunieron con Moreno y lo felicitaron en nombre del Gobierno.

En el encuentro, cordial y ameno, quedó claro que "las agendas de la Nación y el Distrito son importantes y deben ser tratadas por el Presidente y el Alcalde", como le dijo a CAMBIO una fuente cercana a Moreno. En el mismo sentido se pronunciaron el senador Germán Vargas, jefe de Cambio Radical, partido de la coalición de Gobierno, y el alcalde Garzón, quien dijo: "Una reunión entre el nuevo alcalde y el Presidente no es una cuestión de odios o amores, es un deber constitucional y de asuntos clave para la ciudad. En este sentido no puede haber 'chiripiorcas'".

El ambiente es de creciente tensión y todo permite anticipar que la pelea va para largo, pues el Presidente pidió a su bancada en el Congreso enfrentar al Polo sin vacilaciones.  "Uribe siempre ha sido agresivo con el PDA, basta recordar cómo trató a Carlos Gaviria en la pasada campaña presidencial, pero la actitud que asumió con Moreno es grosera y antidemocrática -sostiene el senador Parmenio Cuéllar-. Está desconociendo la voluntad de un millón de bogotanos".

Dividir y polarizar

Si bien es cierto que el escenario más reciente de la confrontación es el de las elecciones del domingo, las cosas apuntan mucho más lejos.  Podría interpretarse como el pistoletazo inicial de la campaña  presidencial de 2010, en la que, sin duda alguna, el Polo Democrático con sus 1,3 millones de votos, la Alcaldía y 11 concejales en Bogotá, y la Gobernación de Nariño, va a jugar un papel muy importante. "El Presidente, con toda su patanería y prepotencia, sabe muy bien que su suerte está ligada estrechamente al Polo Democrático y eso lo atormenta", asegura el senador Jorge Robledo.

No hay que olvidar que está sobre el tapete la propuesta del secretario del partido de La U, Luis Guillermo Giraldo, de apostarle a una segunda reelección mediante un referendo. Su argumento de que no se cambia a un general cuando se está ganando la guerra parece ser del propio Uribe, que hasta el momento no ha sido claro sobre el tema y no ha expresado en forma categórica su negativa a un tercer mandato. Lo mismo parece creer su entorno más cercano, que ve en los 11 millones de votos obtenidos por los partidos uribistas el caudal suficiente para pasar un referendo y para luego sacar adelante una segunda reelección.

La virulenta reacción de Uribe contra el Polo podría obedecer, entonces, a que está pensando más en las elecciones presidenciales de 2010 que en las que acaban de pasar, y que su intención es agudizar y profundizar el enfrentamiento con el Polo al que está empeñado en asociar con la guerrilla. Prueba de ello es que en los últimos días no sólo ha disparado munición de grueso calibre contra Moreno, sino también contra Carlos Gaviria,  de quien dijo que justifica el homicidio por razones políticas, basado en un artículo del ex magistrado de la Corte Constitucional que fue reproducido en la página de Anncol, la agencia de las Farc, en el que se refiere a delitos políticos como la rebelión y señala que en estos casos el homicidio puede ser considerado un delito conexo.

Lo curioso es que aunque es la misma tesis que el Gobierno defendió cuando discutía la Ley de Justicia Paz, Uribe decidió torcerle el cuello al cisne y la interpretó como un respaldo de la guerrilla al Polo. El Comisionado de Paz, Luis Carlos Restrepo, le exigió a Gaviria una rectificación pública, petición que cayó como una pedrada entre las huestes polistas, que consideran que este no es responsable de lo que cuelgan las Farc en su página web y que todo obedece a la estrategia del Gobierno de querer asimilarlos con la guerrilla para quitarles legitimidad y al mismo tiempo legitimar la iniciativa de un tercer mandato.

Por esta razón es que congresistas del Polo, que no descartan ni una nueva candidatura de Gaviria ni una tercera aspiración del Presidente,   sostienen que la estrategia de Uribe no sólo es agudizar las contradicciones entre el Polo y los partidos uribistas, sino romper su unidad interna para consolidar una candidatura exitosa. Para nadie es un secreto que en el Polo conviven dos tendencias, una de línea dura de la que hacen parte Gaviria y Robledo, y una más moderada: la de Lucho, Antonio Navarro, María Emma Mejía e incluso Gustavo Petro, como quedó en evidencia cuando a finales de junio se conoció la noticia de la masacre de los 11 ex diputados del Valle en poder de las Farc.

En esa oportunidad, el Polo emitió un comunicado en términos muy ambiguos firmado por Gaviria y el secretario del partido Daniel García-Peña,  pues calificaba los hechos como una "muerte atroz", lo que dejaba abierta la posibilidad de una muerte no intencional como la del "fuego cruzado", al que habían hecho alusión las Farc. Poco después, desde Europa, Petro envió una carta en la que pedía a su partido hacer explícita la condena a las Farc y armó la de Troya. Mientras el senador consideraba que el Polo debía darle prioridad a la lucha contra las Farc y no contra Uribe, Gaviria sostenía que la confrontación política era justamente contra el Gobierno.

Esta división es la que quiere aprovechar el Gobierno dentro de una clara estrategia de "dividir para reinar". Como dice el politólogo Pedro Medellín, "la guerra de Uribe no es sólo contra la guerrilla, sino contra quienes considera que son sus portadores ideológicos".

Escenarios posibles

No cabe duda de que detrás de todos los episodios de enfrentamiento con el Polo y sus dirigentes está la intención del Presidente de apostarle a un tercer período. "La confrontación con el Polo es absolutamente electoral -asegura Medellín- En Palacio consideran que el enemigo de 2010 es el Polo y todo lo que representa. Hay una clara intención política del Gobierno que va más allá de la derrota de Peñalosa y que apunta a una nueva reelección".

Así las cosas, con miras a las elecciones de 2010, el analista político Rodrigo Losada contempla dos escenarios: uno con Uribe en la carrera, valiéndose de una nueva reforma constitucional mediante referendo, y el otro sin Uribe, pero con un heredero designado por él.

En el primer escenario, Lucho Garzón podría ser el gallo para oponer a Uribe. "Cualquier otro competidor intermedio se queda enano", sostiene Losada, quien no descarta que Lucho juegue por fuera del Polo en alianza con sectores liberales de izquierda y candidatos de centro como Sergio Fajardo. Similar opinión tiene el ex ministro Humberto de la Calle, que le apuesta a los altos índices de favorabilidad de Garzón, cercanos al 70%, y quien sostiene que además de convocar a los sectores de izquierda, podría hacerlo con sectores liberales e independientes.

En el escenario sin Uribe, Losada tampoco ve a Carlos Gaviria en el juego porque considera que Garzón no estaría dispuesto a ceder el capital político acumulado. Y en cuanto a los herederos del Presidente, dice que podría jugar Germán Vargas Lleras, que obtuvo la mayor votación en Bogotá y ganó un buen número de alcaldías y gobernaciones. "Vargas Lleras capitalizará la derecha y Lucho la izquierda -dice el politólogo-. El centro aún no es claro pero podrían jugar Sergio Fajardo o Rafael Pardo". De todas maneras, sostiene que en la actualidad no hay candidato capaz de ganar en primera vuelta.

En cuanto a Juan Manuel Santos, que al frente del Ministerio de Defensa ha ganado en estatura con los golpes dados a las Farc en los últimos meses -las muertes de El Negro Acacio, Milton Sierra, alias JJ, y Martín Caballero-, el analista no le ve posibilidades porque "carece de infraestructura partidista que lo apoye".

De cualquier manera es evidente que se acrecentará la polarización política. Preocupa sobremanera el ambiente tan caldeado y, sobre todo, el hecho de que el Presidente, que encarna la unidad nacional, sea su principal atizador. Resulta altamente inconveniente sembrar el terreno de minas y crear condiciones que podrían abrirle paso a la reedición de capítulos tan nefastos y trágicos como el del exterminio de la UP en los años 90.

Pero, además, es totalmente contradictorio que por un lado el Gobierno defienda a capa y espada un proceso de negociación y reconciliación con los paramilitares, autores de los más atroces crímenes, mientras por el otro estigmatiza a un partido que está haciendo política por las vías democráticas. Como dice el ex ministro De la Calle, "esto lo único que hace es afectar la democracia que, curiosamente, es lo que todos dicen que quieren preservar".

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