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Así las cosas, con miras a las elecciones de 2010, el analista político Rodrigo Losada contempla dos escenarios: uno con Uribe en la carrera, valiéndose de una nueva reforma constitucional mediante referendo, y el otro sin Uribe, pero con un heredero designado por él.
En el primer escenario, Lucho Garzón podría ser el gallo para oponer a Uribe. "Cualquier otro competidor intermedio se queda enano", sostiene Losada, quien no descarta que Lucho juegue por fuera del Polo en alianza con sectores liberales de izquierda y candidatos de centro como Sergio Fajardo. Similar opinión tiene el ex ministro Humberto de la Calle, que le apuesta a los altos índices de favorabilidad de Garzón, cercanos al 70%, y quien sostiene que además de convocar a los sectores de izquierda, podría hacerlo con sectores liberales e independientes.
En el escenario sin Uribe, Losada tampoco ve a Carlos Gaviria en el juego porque considera que Garzón no estaría dispuesto a ceder el capital político acumulado. Y en cuanto a los herederos del Presidente, dice que podría jugar Germán Vargas Lleras, que obtuvo la mayor votación en Bogotá y ganó un buen número de alcaldías y gobernaciones. "Vargas Lleras capitalizará la derecha y Lucho la izquierda -dice el politólogo-. El centro aún no es claro pero podrían jugar Sergio Fajardo o Rafael Pardo". De todas maneras, sostiene que en la actualidad no hay candidato capaz de ganar en primera vuelta.
En cuanto a Juan Manuel Santos, que al frente del Ministerio de Defensa ha ganado en estatura con los golpes dados a las Farc en los últimos meses -las muertes de El Negro Acacio, Milton Sierra, alias JJ, y Martín Caballero-, el analista no le ve posibilidades porque "carece de infraestructura partidista que lo apoye".
De cualquier manera es evidente que se acrecentará la polarización política. Preocupa sobremanera el ambiente tan caldeado y, sobre todo, el hecho de que el Presidente, que encarna la unidad nacional, sea su principal atizador. Resulta altamente inconveniente sembrar el terreno de minas y crear condiciones que podrían abrirle paso a la reedición de capítulos tan nefastos y trágicos como el del exterminio de la UP en los años 90.
Pero, además, es totalmente contradictorio que por un lado el Gobierno defienda a capa y espada un proceso de negociación y reconciliación con los paramilitares, autores de los más atroces crímenes, mientras por el otro estigmatiza a un partido que está haciendo política por las vías democráticas. Como dice el ex ministro De la Calle, "esto lo único que hace es afectar la democracia que, curiosamente, es lo que todos dicen que quieren preservar".