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No hay que olvidar que detrás de muchos movimientos inscritos con firmas se encuentran personas y grupos que han sido mencionados en los expedientes de la parapolítica. Por ejemplo, al resonante triunfo de Juan Carlos Abadía en el Valle contribuyeron Convergencia Ciudadana y el Movimiento Popular Unido, que tienen una cuota parlamentaria nada despreciable en el departamento.
La apuesta de Uribe
Fiel a su estilo, el presidente Uribe se la jugó toda para reducir los espacios de la oposición y conjurar la posibilidad de que surja una alternativa que le pueda disputar el poder en 2010. A lo largo de la campaña se movió por todo el país respaldando subrepticia o abiertamente a sus partidos y a sus candidatos, y traspasó todos los límites de la decencia al participar en la guerra sucia que en las últimas semanas se desató contra el Polo Democrático y su candidato.
Mantuvo, sin duda, unas cómodas mayorías y ayudó a que el Partido Conservador, que ha sido soporte de su gobierno, obtuviera nuevas plazas y votos; proyectó al cuestionado Partido de La U a varias regiones; protegió, aunque un poco menos, a Cambio Radical, y soslayó las críticas a la parapolítica.
Sin embargo, el duro revés que sufrió Peñalosa en Bogotá y la emergencia o consolidación de movimientos de opinión en las grandes ciudades con relativa independencia de la coalición uribista, envían al Presidente una señal no despreciable. El silencio que ha mantenido en estos días, parecido al mutismo después del fracaso del referendo, es quizás el indicio de que lo embarga una preocupación no menor.