El negocio de la política

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ANTES DE ENCONTRAR mecenas en la política de Cundinamarca, Julio Eduardo Riveros Junca palió sus necesidades durante ocho años con la venta de empanadas y trabajando como fontanero en la población sabanera de Tabio. Aunque no hay mayores registros de su formación académica, él asegura que tiene una especialización en Administración en Salud pero evade el tema incluso con sus amigos más cercanos cuando le piden que cuente cómo se preparó para convertirse en esa especie de Vladimiro Montesinos del gobierno departamental.

Sea como fuere, Yiyo -el apelativo que le dio notoriedad nacional- tiene para mostrar una acelerada carrera en la administración pública que ha estado demarcada por su ambición de poder. En los últimos ocho años,  de los 36 que tiene,  ha sido alcalde de Tabio, director de Acción Comunal de Cundinamarca, secretario de Agricultura y de Tránsito del departamento y presidente del Consejo Superior de Política Social. Pero, sobre todo, ha tenido voz e influencia en la repartición de presupuestos y en la adjudicación de contratos, uno de los cuales lo tiene hoy bajo arresto domiciliario: la construcción de una red de ciclorrutas cuando era secretario de Tránsito de la gobernación de Pablo Ardila.

Aunque su caso no es el único de un político que ha convertido su actividad en un lucrativo negocio, sí es el más notorio de los últimos tiempos, a juzgar por todas las investigaciones que los organismos de control han iniciado en su contra. Su influencia es tal que algunas versiones indican que, aún detenido en su residencia, mantiene vivos los contactos que le permitirán seguir vigente, y que podría  ser elegido diputado por Cundinamarca el 28 de octubre.

Yiyo es el prototipo de los colombianos que han convertido la política en un oficio rentable y que se han asegurado, a punta de dinero e influencias, un espacio permanente en la administración pública. Como él hay muchos que aspiran a ser elegidos el próximo domingo. Contra ellos compiten aspirantes honestos con vocación de servicio, no siempre en condiciones favorables, pues para nadie es un secreto que maquinarias mafiosas, que se han tomado algunas administraciones locales y regionales, han movido los engranajes para mantenerse en el poder por medio de nuevas y viejas fichas políticas. 

Lo que está en juego

Abierto aún el capítulo de la parapolítica, y cuando tras las rejas hay una veintena de congresistas y un número igualmente importante es investigado y está a la espera de que le definan su situación judicial, en las elecciones del próximo domingo, más allá de las ideas, compiten dos modelos en conflicto: servicio público contra lucro individual.

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