Los del farolito

Jorge Leyva (der), candidato conservador, y el historiador Juan Carlos Flórez aspira a la Alcaldía de Bogotá.

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UN POPULAR LOCUTOR de ciclismo, el desaparecido Julio Arrastía Brica, acuñó una frase para referirse a los competidores que llegaban de último a la meta, a quienes llamaba los del "farolito", que no eran otros que aquellos corredores que nunca aparecían en la foto al lado del ganador. En la actual campaña electoral hay un grupo de candidatos coleros, que si bien es cierto que reúnen todos los requisitos para ser elegidos, no han contado con el respaldo de los electores y hoy figuran en los últimos lugares en las encuestas de opinión.

En algunos casos la perseverancia de quienes están lejos de los puestos de comando es considerada como una muestra de testarudez y en otros obedece a un cálculo político que a la vuelta de algunos años puede traducirse en éxitos electorales. De hecho, muchos de los que hoy figuran en los primeros lugares de las encuestas fueron en el pasado los vagones de cola de las campañas electorales. Es el caso de Enrique Peñalosa, a quien le tocó en sus comienzos darse a conocer mientras repartía volantes con su hoja de vida en los semáforos de la ciudad. Su constancia lo llevó, tiempo después, a la Alcaldía de Bogotá y hoy lo tiene disputando la posibilidad de repetir administración.

Los candidatos que portan el farolito se quejan de que, a diferencia de quienes puntean en las encuestas, los medios de comunicación los ignoran y casi siempre tienen que suplicar para que los periodistas se ocupen de sus propuestas, a las que, por cierto, no dudan en calificar como más interesantes que las de los punteros. "Los medios de comunicación terminan polarizando la campaña entre dos candidatos y discriminando a los demás, a quienes les atribuyen el simple papel de animadores de la contienda electoral", sostiene un analista político.

No obstante, para el constitucionalista Juan Manuel Charry el asunto es mucho más complejo puesto que, más que los medios de comunicación, son los propios electores los que se encargan de discriminar a los candidatos de acuerdo con sus propuestas o sus programas. "Las reglas de juego en el debate electoral contemplan unos requisitos con polizas y garantías para evitar que cualquier loquito participe porque sí y, si al final no consiguen cumplir con esos mínimos, hay sanciones contempladas por la Ley que regulan no sólo a los candidatos sino a los partidos políticos que los avalan", sostiene.

Los medios de comunicación, por su parte, argumentan que la "contaminación visual" que significa tener que presentar a decenas de candidatos en un debate electoral, no sólo dificulta la difusión de sus programas sino que termina atentando contra la propia audiencia, pues pocos televidentes u oyentes se resisten a un bombardeo de todo tipo de propuestas, que van desde las más cuerdas y centradas hasta las más disparatadas y absurdas. "En todas las campañas hay alumnos aventajados de Goyeneche, que proponen sin sonrojarse la pavimentación del río Magdalena", afirma un experto en marketing electoral.

En la actual campaña por la Alcaldía de Bogotá, que tiene como punteros a Enrique Peñalosa y a Samuel Moreno Rojas, hay dos candidatos que, pese a sus evidentes capacidades personales y profesionales, figuran en los últimos lugares de los sondeos, lejos de los primeros y distanciados de quienes aparecen en lo que Arrastía Brica llamaría el "lote acompañante", que integran William Vinasco y Antonio Galán Sarmiento. Se trata de Jorge Leyva y Juan Carlos Flórez, quienes, curiosamente, cuentan con muchos seguidores en sectores universitarios y en los llamados "votantes carentes de pautas fijas", es decir en electores racionales, que muy pocas veces se dejan llevar por el ritmo de las encuestas, pero que no son la mayoría.

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