Candidatos coleros en las encuestas aseguran que a pesar de ser ignorados por los medios, van hasta el final.
UN POPULAR LOCUTOR de ciclismo, el desaparecido Julio Arrastía Brica, acuñó una frase para referirse a los competidores que llegaban de último a la meta, a quienes llamaba los del "farolito", que no eran otros que aquellos corredores que nunca aparecían en la foto al lado del ganador. En la actual campaña electoral hay un grupo de candidatos coleros, que si bien es cierto que reúnen todos los requisitos para ser elegidos, no han contado con el respaldo de los electores y hoy figuran en los últimos lugares en las encuestas de opinión.
En algunos casos la perseverancia de quienes están lejos de los puestos de comando es considerada como una muestra de testarudez y en otros obedece a un cálculo político que a la vuelta de algunos años puede traducirse en éxitos electorales. De hecho, muchos de los que hoy figuran en los primeros lugares de las encuestas fueron en el pasado los vagones de cola de las campañas electorales. Es el caso de Enrique Peñalosa, a quien le tocó en sus comienzos darse a conocer mientras repartía volantes con su hoja de vida en los semáforos de la ciudad. Su constancia lo llevó, tiempo después, a la Alcaldía de Bogotá y hoy lo tiene disputando la posibilidad de repetir administración.
Los candidatos que portan el farolito se quejan de que, a diferencia de quienes puntean en las encuestas, los medios de comunicación los ignoran y casi siempre tienen que suplicar para que los periodistas se ocupen de sus propuestas, a las que, por cierto, no dudan en calificar como más interesantes que las de los punteros. "Los medios de comunicación terminan polarizando la campaña entre dos candidatos y discriminando a los demás, a quienes les atribuyen el simple papel de animadores de la contienda electoral", sostiene un analista político.
No obstante, para el constitucionalista Juan Manuel Charry el asunto es mucho más complejo puesto que, más que los medios de comunicación, son los propios electores los que se encargan de discriminar a los candidatos de acuerdo con sus propuestas o sus programas. "Las reglas de juego en el debate electoral contemplan unos requisitos con polizas y garantías para evitar que cualquier loquito participe porque sí y, si al final no consiguen cumplir con esos mínimos, hay sanciones contempladas por la Ley que regulan no sólo a los candidatos sino a los partidos políticos que los avalan", sostiene.
Los medios de comunicación, por su parte, argumentan que la "contaminación visual" que significa tener que presentar a decenas de candidatos en un debate electoral, no sólo dificulta la difusión de sus programas sino que termina atentando contra la propia audiencia, pues pocos televidentes u oyentes se resisten a un bombardeo de todo tipo de propuestas, que van desde las más cuerdas y centradas hasta las más disparatadas y absurdas. "En todas las campañas hay alumnos aventajados de Goyeneche, que proponen sin sonrojarse la pavimentación del río Magdalena", afirma un experto en marketing electoral.
En la actual campaña por la Alcaldía de Bogotá, que tiene como punteros a Enrique Peñalosa y a Samuel Moreno Rojas, hay dos candidatos que, pese a sus evidentes capacidades personales y profesionales, figuran en los últimos lugares de los sondeos, lejos de los primeros y distanciados de quienes aparecen en lo que Arrastía Brica llamaría el "lote acompañante", que integran William Vinasco y Antonio Galán Sarmiento. Se trata de Jorge Leyva y Juan Carlos Flórez, quienes, curiosamente, cuentan con muchos seguidores en sectores universitarios y en los llamados "votantes carentes de pautas fijas", es decir en electores racionales, que muy pocas veces se dejan llevar por el ritmo de las encuestas, pero que no son la mayoría.
El primero de ellos logró el aval del Partido Conservador y ha dicho que mantendrá su aspiración hasta el final, pues, según sus propias palabras, "no sería serio con quienes me respaldan, abandonar el combate en medio del fragor de la batalla". Flórez, por su parte, considera que su propuesta cuenta con el respaldo de sectores que no se identifican con los candidatos punteros. "Ese es el juego democrático. En un proceso electoral las posibilidades siempre estarán abiertas hasta el final", afirma el historiador, ex concejal de Bogotá y dos veces aspirante a la Alcaldía, quien sostiene que lo más serio con la ciudad es mantener su candidatura hasta el final.
Mientras Leyva le apuesta a la renovación del conservatismo en el futuro, donde aspira a convertirse en uno de los dirigentes de la colectividad, como lo ha sido su padre, el ex ministro Alvaro Leyva Durán, el candidato Flórez cree que la ciudad necesita con urgencia una renovación en su clase dirigente a partir de un mayor compromiso con los sectores marginados de la sociedad.
Pero la polarización electoral no es un fenómeno exclusivo de Bogotá. En Medellín la lucha frontal entre Alonso Salazar, Luis Pérez Gutiérrez y Sergio Naranjo ha llevado a que otros candidatos, igualmente capacitados, pasen a ocupar los puestos de retaguardia en los sondeos de opinión. Es el caso del ex concejal conservador Gabriel Jaime Rico, elegido en varias oportunidades como el mejor de la ciudad, y del ex representante a la Cámara Carlos Ignacio Cuervo, quien también cumplió una labor destacada en el Congreso.
No obstante, ni los logros, ni las hojas de vida de Rico y Cuervo han servido para seducir al grueso de los electores de Medellín, que casi desde el comienzo de la contienda se alineó con los punteros.
Algo similar ocurre con la campaña por la Alcaldía de Cali, donde el ex ministro Francisco Kiko Lloreda y el ex secretario de salud Jorge Iván Ospina mantienen un interesante cabeza a cabeza, que terminó por afectar las aspiraciones del ex concejal de Bogotá Bruno Díaz y las del ex gobernador Luis Fernando Cruz, entre otros.
Buena parte de la suerte de los coleros de las encuestas tiene que ver con el llamado "voto útil", que no es otra cosa que la decisión que toma el elector por alguno de los punteros en detrimento de los demás candidatos, pues no quiere que su voto se desperdicie en un aspirante con pocas opciones de triunfar, lo que no deja de ser una decisión injusta, que termina perjudicando muchas veces a campañas responsables y serias. "En elecciones todos quieren estar con el caballo ganador", sostiene un analista para tratar de explicar la suerte de los últimos del lote.
Este tipo de situaciones es el que ha llevado a Antanas Mockus a liderar una campaña nacional que ha llamado Voto Vital y cuyo único propósito es el de crear conciencia en los votantes sobre la necesidad de elegir de forma responsable y no, como ocurre con frecuencia, votando por el menos malo de los candidatos. "Votar por los mejores candidatos es vital para la buena salud del sistema democrático", afirma el ex alcalde de Bogotá.