El ex alcalde de Bogotá, Antanas Mockus, explica por qué los ciudadanos deben pensar bien su voto y no venderlo al mejor postor.
Por ANTANAS MOCKUS,
Campaña voto vital
ALGÚN DÍA, ojalá este domingo, quedara superada la tentación de hacer trampas electorales, trampas que nos han costado ríos de sangre y accesos de costosa des confianza. Si se da esto, avanzaríamos hacia ese otro día en el que votar será escoger entre variantes de lo bueno y no entre lo malo y lo menos malo, o entre lo bueno y lo malo. ¿Cuán lejos están esos dos días? Depende de usted y de mí. Cada uno de nosotros tiene en sus manos el futuro del país.
Primer paso: dejar las trampas atrás
Una candidata a la Alcaldía de Duitama confesó en un foro con otros candidatos que había hecho trampa como empresaria para poder contratar con la Alcaldía del municipio. El tono empleado sugería que le parecía humillante e indigno tener que hacer trampa y que su autoinculpación era testimonio incontrovertible de que había corrupción y de que quería -y creo que quiere sinceramente- modificar ese estado de cosas. Ojalá esté dispuesta a mantenerse en su heroísmo y a someterse voluntariamente a la Justicia. Si le dan casa por cárcel ojalá la acompañemos con visitas masivas. Ojalá aprendamos a premiar al arrepentido de verdad. Invito a la candidata a encabezar el Movimiento Colombiano de Arrepentidos. Su comportamiento podría poner de moda la autoinculpación frente a la corrupción en relación directa o indirecta con lo electoral. Quedan tres días.
Y ahora un ejemplo de cómo la tentación de violar o de forzar la norma en aras de los resultados nos ronda a todos, o a casi todos. Hace casi dos años, el día de las elecciones de Congreso toleramos que algunos simpatizantes se pusieran el gorro con el número 11 que identificaba al Partido Visionario y en el afán de conseguir unos votos más averiguamos en la Registraduría y la Policía si podíamos salir con camiseta naranja. Un entendimiento lógico de las intenciones de la Ley sugería que no, pero una lectura directa, así como comportamientos precedentes de muchos grupos el día de elecciones, daban para un sí. Pero ojo, lo que hacen los demás no es argumento. Sin embargo, nos escudamos en la interpretación legal más favorable, pero fue inconveniente: no mostraba suficiente coherencia. Me sentí mal, no lo discutimos suficiente.
De los 45 talleres realizados en 27 ciudades de 19 departamentos, VotoVital, una iniciativa para mejorar la calidad del voto, ha recogido otros casos que sirven de ilustración. Al comienzo de los talleres a cada participante se le pregunta sobre cuál ha sido el peor voto de su vida, pero se le advierte que no diga por quién sino por qué cree que se equivocó o qué lo llevó a cometer ese error del que hoy se arrepiente.
"Mi peor voto fue el primero, lo vendí por 10.000 pesos. Compré pañales para mi hijo que acababa de nacer -dijo una mujer en Cartagena-. Ya no lo haría porque he entendido que mi voto es parte de mi dignidad". Y en Ibagué alguien confesó: "Mi peor voto fue hace siete años: por ganar faltando tres días para las elecciones me pegué al que iba de primero en las elecciones. ¡Cómo me he arrepentido!".
Un empresario agroindustrial de Córdoba nos reconoció que hacía 10 años había comprado votos pero ya no lo haría porque al escucharnos había entendido las razones para jugar limpio. Nótese: las razones y no el miedo a la sanción legal, que también ayuda a disuadir.
Segundo paso: aguzar el raciocinio moral
En ausencia de reglamentación más precisa, cada elección somete a las campañas a complejos dilemas morales sobre qué se puede hacer exactamente ese día, un día en el que mucha gente vive la tensión entre fines y medios. La contratación de pregoneros es legal pero parece haber desplazado a los militantes y a los simpatizantes voluntarios. Los partidos tradicionales se sostenían con aportes voluntarios de los ciudadanos, hoy parece suceder al revés. ¿El ciudadano cómo debe reaccionar si ve a su candidato al Concejo en un afiche pegado en un poste, que es una práctica prohibida?
Muchos electores han entendido el espíritu de la norma y rechazan cualquier acoso electoral. Uno no sólo actúa o vota por razones, también lo hace por emociones. Confieso que yo -no sé bien si los demás- voto guiado en parte por emociones como la rabia o la indignación. Me molesta mucho el que hace o intenta hacer trampa.
Tercer paso: el banquete de la decisión, voto vital
Aún superada la trampa, existe la tentación de concentrarnos sólo en los defectos de los candidatos y sus propuestas y a veces eso lleva a votar en contra: "Mi peor voto fue por X, voté por él para oponerme a Y, sabiendo que también era malo". Varios participantes en las 27 ciudades reconocieron ese defecto pero propusieron el remedio: votar en blanco.
Sin trampas, votar no es más fácil, aunque sí más placentero. ¿Por qué? Porque la decisión no es simple, implica escoger al mejor gobernante y a la mejor junta directiva de la localidad, del municipio, del departamento.
Votamos guiados por intereses, razones y emociones:
1. Para elegir escogemos entre intereses, como que arreglen el pavimento frente a mi casa (interés bien particular) o que le den mantenimiento oportuno a las vías principales de mi municipio o a todas las vías, lo cual en términos de impuestos costará más. Puedo escoger entre educación de calidad para mis hijos vía recomendación o educación de calidad para todos los niños. Puedo escoger entre la promesa de un favor y los beneficios de cuatro años de gobierno.
2. Escogemos también entre argumentos impersonales (razones) o principios filosóficos. Por ejemplo, entre igualdad de derechos para todos o primero los derechos de los más débiles; entre hacer lo máximo con los recursos existentes y tributar lo necesario para realizar todos los derechos.
3. También actuamos influidos por emociones como la confianza, la esperanza, la indignación, la rabia. La alianza entre razones y emociones a veces logra que uno vote de manera altruista (por el bien común, por los derechos de los más débiles). A veces razones y emociones se contradicen.
Vota siempre como si tu voto fuera el único que decide: no eludas la responsabilidad. Hay que pensar: "Mi voto decide". Hay que saltar de la banca a la cancha. Los resultados esperados este domingo son: menos abstención, más voto libre y cualificado, y más gobernantes, diputados y concejales sin vínculos con la violencia y la corrupción. Así nos acercaremos al día en que votar será la difícil tarea de escoger entre versiones distintas de lo bueno.