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Negocio lucrativo
Así las cosas, la política se ha convertido en una especie de danza de los millones en donde hay quienes bailan con la música de los recaudos públicos, que van a sus bolsillos, y otros danzan con la melodía del gasto, del cual toman una parte a través de mecanismos ilegales. "El negocio de algunos políticos está en la contratación pública y en tener acceso a los centros de poder donde se toman las decisiones -afirma Elizabeth Ungar, directora de Congreso Visible de la Universidad de Los Andes-. Allí ejercen su influencia y hacen cabildeo a favor de quienes les patrocinaron sus campañas. ¿Cómo? Influyendo en el presupuesto y en las políticas públicas de inversión".
La motivación de servicio a la comunidad ya no es consustancial a la política. "El que, por ejemplo, le mete mil millones de pesos a una campaña, no lo hace por buen ciudadano sino porque busca recuperar con réditos esa inversión", dice Ungar, y agrega que los mecenas en la política no existen y que la política pasó a ser un negocio lucrativo que les permite vivir holgadamente a quienes logran constituir empresas electorales cuyo fin último es ganar, a toda costa y mediante cualquier medio, todas las elecciones que se convocan en el país. El politólogo Francisco Leal resumió el fenómeno en su columna del miércoles en El Tiempo: "Al parecer, 'el botín de guerra' del Estado no tiene límites, ya que los buenos salarios de que gozan los cargos públicos de elección popular no son suficientes para pagar las cuotas iniciales de los gastos de campaña".
Por su parte, el ex alcalde de Bogotá, Jaime Castro, sostiene que el negocio de la política no sólo está en la contratación pública sino en la constitución de mafias municipales y regionales, que convirtieron en modo de vida ganar elecciones y que luego hacen lo necesario para recuperar los miles de millones que invierten en las campañas. "Si no fuera un buen negocio, los mafiosos de la política hace tiempo se habrían retirado de ella", afirma el ex alcalde.
Para ilustrar su punto, Castro da el ejemplo de un municipio pequeño de no más de 10.000 habitantes y un presupuesto anual de mínimo 2.500 millones de pesos. "En cuatro años de gobierno, un alcalde maneja 10.000 millones de pesos: el negocio está ahí, no en la figuración, ni en el prestigio político, como aseguran quienes desconocen los intríngulis de las empresas electorales".
Para que la empresa marche bien, algunos alcaldes y gobernadores se asocian con concejales y diputados con el único fin de incrementar sus ganancias. En ocasiones también logran que procuradurías y contralorías e incluso los delegados judiciales en las regiones les hagan la segunda. Castro sostiene que hay funcionarios corruptos que reciben plata por otorgar licencias de funcionamiento de bares, de construcción ilegal de viviendas y licencias ambientales, entre otras irregularidades, en abierto desafío a la normatividad legal vigente. "La descentralización se pudrió en Colombia", afirma tajante el ex alcalde.