¿Qué le pasa a Uribe?

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Para quienes conocen de cerca el talante de Uribe, es evidente que el tema familiar toca sus fibras más íntimas. Así quedó demostrado en casos como el debate que adelantó en el Congreso el senador del Polo Gustavo Petro sobre parapolítica en Antioquia, en el que mostró una fotografía en la que aparecía un hermano del Presidente, Santiago, en compañía de uno de los hermanos Ochoa. Entonces como ahora, Uribe se tomó los medios de comunicación para descalificar al parlamentario a quien desafió y llamó "guerrillero vestido de civil" y para enviar el mensaje de que lo que era con su familia era con él.

Daño institucional

El martes en la noche, en conversación con CAMBIO, el presidente Uribe fue enfático al afirmar que seguiría pronunciándose en público sobre el caso. "Estoy pidiendo una investigación, no haciéndole obstrucción a la Justicia", afirmó, y también que tenía elementos para pensar que la Corte no había sido sincera con él y que había tratado de sumar a otras dependencias de la rama judicial en su contra. La corte rechazó esos señalamientos pero Uribe mantuvo su posición: "¿Qué hubiera pasado si llegan a decir que un paramilitar desde la cárcel acusa al Presidente de haberlo contactado para matar a otro paramilitar?", preguntó.

Que el Jefe del Estado hizo uso de su gran popularidad, no hay duda. Las llamadas de los oyentes a la radio y los comentarios hechos vía Internet dejaron al Presidente relativamente bien parado, pues muchos afirmaron que estaba actuando en legítima defensa.

No obstante, ex magistrados como Alfredo Beltrán, ex presidente de la Corte Constitucional y conjuez de la Corte Suprema, insistieron en que la separación de los poderes públicos es el soporte fundamental del sistema democrático. En ese sentido, la llamada del Presidente a un magistrado de la Corte Suprema para averiguar por una investigación podría interpretarse, y así lo hizo la Corte Suprema, como obstrucción a la justicia. De hecho, Beltrán destacó el poder de intimidación que tiene una llamada presidencial

Pero el desconcierto y la perplejidad que despertó la ofensiva presidencial no se limitó a la Corte, a los medios y a la opinión en general. También llegó al alto Gobierno y aunque entendieron el codazo que Uribe le metió al Vicepresidente, para algunos es un episodio más de la confrontación entre la ex canciller María Consuelo Araújo y su familia con Santos, a quien culpan de la detención de su hermano Álvaro y de la orden de captura contra su padre. La Conchi, quien aún tiene grandes aliados en la Casa de Nariño, le ha dicho a Uribe que su número dos no ha sido leal con el Gobierno, un argumento que ha comenzado a calar porque la profundización del escándalo de la parapolítica afecta a cada vez más allegados a la administración y al Presidente.

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