Llegó el amor

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Aunque en calificaciones de riesgo en materia de inversión, Colombia es mirada hoy con mejores ojos que en la década del 90, cuando campeaban Pablo Escobar y los Rodríguez Orejuela, la perniciosa mezcla de violencias relacionadas con paramilitares, guerrilla y narcotráfico continúa dejando huella en los informes internacionales, en particular en los de las aseguradoras de cine que no suelen ser muy benévolas, sobre todo cuando se trata de una película como El amor..., con un presupuesto de más de 45 millones de dólares.

Pero dos factores jugaron a favor de la ciudad: que el propio Steindorff quedó maravillado cuando la conoció y que el presidente de una de las compañías aseguradoras que debía avalar la locación se enamoró de la ciudad durante un crucero por el Caribe, y consideró que no había problema  si filmaban en Cartagena. Aún así, un detalle terminó de convencerlos y fue, según palabras de Steindorff, que "la ciudad estaba hecha para esa película, era su escenario natural".

No por natural Cartagena iba a resultar fácil. "Es la ciudad más ruidosa del mundo, no hay un solo carro, un camión, una moto que no vaya a 6.000 revoluciones por minuto y con el exhosto roto -le dijo Newell a CAMBIO-. Hay ruido hasta en la misa de seis".

El director irlandés, que en 1994 se dio a conocer en Hollywood cuando dirigió a Hugh Grant en la comedia inglesa Cuatro matrimonios y un entierro, no conocía Cartagena y sufrió mucho con el calor, la humedad y el desorden, pero en compensación quedó encantado con la hospitalidad y el extraordinario talento local: "Los colombianos son como los irlandeses, todos saben actuar, tiene un don silvestre, no se necesita que sean profesionales". Fue esa aptitud espontánea de los cartageneros la que hizo posible que en la película trabajaran cerca de 5.000 extras, adicionales a un elenco colombiano encabezado por Catalina Sandino y secundado por Angie Cepeda, Marcela Mar, Paola Turbay y Patricia Castañeda.

Durante seis meses La Heroica se entregó tanto a la producción, que Newell asegura que se sintieron dueños de la ciudad. "Prácticamente todos tuvieron que ver con la cinta: tuvimos peinadores locales, desempleados a los que dábamos un martillo para que ayudaran a construir el set, eximios carpinteros que nos permitieron construir con lujo de detalles el barco de vapor en el que termina la novela -cuenta el director-. Nos llamaban 'la película' y si un chofer se pasaba un semáforo en rojo y un policía lo detenía, el conductor simplemente decía 'la película' y lo dejaban seguir. Fue maravilloso, encantador, realmente no hay otro lugar como ese. Filmar allí fue como volver a ser joven, como redescubrir el cine. Volvería dichoso".

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4 a 10 de octubre