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Colombia Viva es el partido del senador Dieb Maloof, quien está preso por sus supuestos vínculos con los paramilitares. Y Colombia Democrática es la agrupación del senador Mario Uribe Escobar, primo del Presidente, y a quien la Corte Suprema de Justicia le abrió investigación preliminar por los mismos hechos. Además, tres de sus congresistas están presos: Álvaro García Romero, Miguel de la Espriella y Eric Morris Taboada, que siguen moviendo desde la cárcel, cual expertos titiriteros, los hilos políticos de sus regiones. Hilos que también mueve Álvaro Araújo Castro, ex senador de Alas Equipo Colombia, quien no tuvo inconveniente alguno para llamar desde La Picota a Radio Guatapurí -emisora de su familia- para promover la candidatura de Arturo Calderón a la Gobernación del Cesar.
Sobre el riesgo inminente de un posible fraude, el ex ministro de Hacienda Juan Camilo Restrepo sostiene que ante "todos los indicios de corrupción política y de desorden electoral, la respuesta no debe ser la de presentar nuevos proyectos de ley y de reformas constitucionales, sino la de aplicar las normas que existen, porque leyes para reprimir todo eso existen, lo que hay es que hacerlas cumplir".
El ex ministro también llama la atención sobre el desorden que han armado los propios partidos en su afán de sumar votos. Desorden que ha propiciado alianzas impensables en su momento, como que dos partidos uribistas respalden al ex tres veces candidato presidencial Horacio Serpa para la Gobernación de Santander. Lo curioso es que La U y Cambio Radical se vayan con Serpa, contradictor acérrimo del Presidente, y no con Dídier Tavera, el candidato de Convergencia Ciudadana, uno de los ocho partidos de la coalición Uribista. "Pero es que en aras de consolidar una coalición de Gobierno no podemos irnos con un candidato al que testigos acusan de estar al servicio del paramilitarismo", le dijo a CAMBIO un dirigente santandereano.
Sobre las curiosas alianzas, "así algunas sean explicables", el constitucionalista Jaime Castro asegura que "la Ley de Partidos está saltando en pedazos y estamos asistiendo a una rapiña de avales". Avales que incluso algunos candidatos recibieron pero no utilizaron, como Enrique Peñalosa en Bogotá o Eugenio Prieto en Antioquia. Ambos decidieron inscribir sus candidaturas con firmas. Como también lo hizo Arturo Calderón, el candidato del ex senador Araújo en el Cesar. Claro, en cada caso por motivaciones distintas, y aunque no todos se pueden meter en el mismo costal, lo cierto es que la intención política es la de aparecer ante la opinión como aspirantes sin compromisos, "aunque acepto que cada vez es más difícil hacer política independiente", reconoció Peñalosa.
Y Jaime Castro agrega que la legislación sobre la materia, que ha sido copiada de otras partes, está hecha para partidos modernos y organizados, de masas y democráticos, cuyos militantes no son convidados de piedra cuando de escoger candidatos se trata. "Nada de lo cual ocurre en Colombia, porque los nuestros no son partidos sino montoneras, que controlan y manejan los congresistas, y que ahora también están en manos de una burocracia arrogante y bien remunerada que dispone de presupuestos millonarios financiados por el Estado", señala. También denuncia que casi ningún partido escapa a que en el momento de la elaboración de listas y el otorgamiento de avales, en muchos casos, "prevalecen las simpatías o antipatías personales y los intereses políticos de los congresistas y directivos de los partidos".