Caminante sí hay camino

El ejemplo de Gustavo Moncayo es la inspiración de miles de víctimas de la violencia para hacerse oír en todo el país. Foto: David Osorio / Cambio

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Las víctimas esperan que sus clamores sean oídos, que encuentren alguna respuesta. El profesor Moncayo cree que si su marcha no sirve para abrirles el corazón al Gobierno y las Farc, servirá por lo menos para que el país abra los ojos y se solidarice con las víctimas.

Una primera respuesta al llamado de Moncayo la tiene el asesor presidencial José Obdulio Gaviria, quien sostiene que el Presidente dirá "sí" al acuerdo humanitario. "Será un 'sí' condicionado a que no haya despeje'", dice Moncayo. El profesor, que llegará esta semana a Bogotá luego de dejar atrás a indígenas, comunidades negras, víctimas del secuestro, del desplazamiento, de la desaparición forzada y de todos los tipos de violencia, es hoy por hoy el símbolo de las víctimas que quieren romper el silencio y gritar para ser escuchadas, para que el Gobierno, el Congreso y la sociedad toda entiendan que ha llegado la hora de dirigir la mirada hacia ellas. Como escribió Hernando Gómez Buendía en una reciente columna, "los beneficios legales para las Auc, el indulto a los presos de las Farc y las ofertas para el Eln no se justifican si no ayudan a las víctimas".

LA AYUDA OFICIAL

"Hemos levantado de entre los escombros 160 pueblos destruidos durante ataques terroristas", dice Marlene Mesa, directora del Programa de Atención a Víctimas de la Violencia, adscrito a Acción Social la Presidencia. Cita la cifra para hacerle contrapeso a las afirmaciones de algunas Ong que sostienen que  el Gobierno ha sido indiferente a la suerte de las víctimas de los grupos armados.

Según Mesa, desde 2002 hasta hoy más de 30.000 familias de víctimas han recibido ayuda por 425.000 millones de pesos, en aplicación de un modelo que supone reparación social y que es anterior a la Ley de Justicia y Paz. "Nos pusimos al día en los pagos que estuvieron retrasados entre 1999 y 2001 -dice-. Un lapso en el que la capacidad del Estado se vio desbordada porque el país sufrió, en promedio, tres asaltos semanales a poblaciones".

Para garantizar el pago de compensaciones equivalente a 40 salarios mínimos por familia, el programa debió multiplicar por siete su presupuesto anual de 10.000 millones de pesos. Los 70.000 millones con que hoy cuenta hacen parte del Presupuesto Nacional y no incluyen un solo peso de cooperación internacional. "Aquí no se cuenta con ayuda internacional porque las comunidades de países han dejado en claro que la atención a las víctimas de conflictos internos es responsabilidad exclusiva del respectivo Estado", explica Mesa.

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