Caminante sí hay camino

El ejemplo de Gustavo Moncayo es la inspiración de miles de víctimas de la violencia para hacerse oír en todo el país. Foto: David Osorio / Cambio

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Recuerda que en 1995 el Eln asesinó a su primer esposo, Eduardo Antonio Alzate, y se pregunta  por las garantías para las víctimas. "Después de mucho rogar por fin se apiadaron de mí y por tener el 60% del cuerpo quemado me dijeron que tenía derecho a 500.000 pesos porque no había perdido una mano, un pie o un ojo".

Leiner Palacio sobrevivió el 2 de mayo de 2002 a la explosión de los cilindros bomba que las Farc lanzaron contra la iglesia de Bojayá, Chocó, donde murieron 119 personas. "No nos oyen pero no estamos mudos", dice directo y hace énfasis en que cinco años después de la tragedia, Bojayá sigue padeciendo el conflicto y que la promesa del Gobierno de reconstruir esa población no es suficiente. "Al dolor hay que añadirle el desaliento de ver que nos tratan a veces como si estuviéramos pidiendo limosna para que nos atienda el Gobierno", se lamenta Palacio y cuenta que tras la explosión empezaron a reconstruir un pueblo nuevo. "Por lo demorado los bautizamos Se Verá -dice-. Cuando por fin dijeron que estaba casi listo, el acueducto no funciona, el alcantarillado tampoco, la planta de energía de vez en cuando".

Palacio afirma que en Bojayá sienten miedo, que han asesinado a más de 40 personas después de la tragedia, que hay 350 familias desplazadas viviendo en Quibdó. "La guerra no se va", dice y asegura que lo que más duele es ver cómo los victimarios se quieren lavar las manos: "El Alemán dijo en su versión libre que no tuvo culpa, pero nosotros pensamos que sí y que debe responder por ponernos como carne de cañón".

No es exagerado decir que son millones las víctimas de la violencia. Muy pocos se salvan de ella o de haber visto sufrir a alguien. Por eso Palacio hace un llamado: "Unámonos a ver si conseguimos más respeto". 

Mirar a las víctimas

Los 30.000 desaparecidos, los cerca de 3.200 secuestrados, los tres millones de desplazados y las miles de víctimas de asesinatos y masacres que registra hoy el conflicto mueven a los colombianos para reclamar que esos crímenes no queden impunes.  "Colombia no puede continuar como un cementerio en el que se entierran sus tragedias y se olvidan los horrores que se han cometido", dice Carlos Lizcano, hijo del ex congresista Óscar Tulio, en poder de las Farc desde hace siete años.

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