Caminante sí hay camino

El ejemplo de Gustavo Moncayo es la inspiración de miles de víctimas de la violencia para hacerse oír en todo el país. Foto: David Osorio / Cambio

(Página 5 de 8)

Licinia Collazos, víctima de la masacre del Alto Naya, cometida por hombres del bloque Calima de las Auc entre el 10 y el 12 de abril de 2001, en los límites entre Cauca y Valle, recuerda que mataron a su esposo y a otras 19 personas que eran sus amigos. "Estoy reclamando justicia porque no sólo los mataron con motosierras, nos convirtieron a los sobrevivientes en víctimas -afirma-.

¿Qué soy yo ahora? Otra víctima, pero del desplazamiento. Los que sobrevivimos fuimos llevados a la finca La Laguna -en Timbío, Cauca- donde hacemos proyectos productivos. Pero nos tocó correr y correr".

Cuenta que mataron a su esposo Audilio Rivera, a dos primos y a varios amigos y que desaparecieron a muchos tirándolos al río. "De esos nadie se acuerda, pero créame que las familias se levantan todos los días preguntándose dónde están". El jueves se entrevistó con una delegación de indígenas del Cauca que llegó a Bogotá para clamar por el respeto de las comunidades aborígenes y pedir garantías para sus vidas. Todos víctimas: de la guerra, del abandono, del olvido...

En busca de respeto

En el 60% de su cuerpo hay cicatrices de quemaduras de primero, segundo y tercer grado. Es Luz Mery Estrada, de 38 años. Es viuda, su esposo Jorge Iván Arango fue uno de los 85 muertos que dejó la explosión provocada por el Eln en el poliducto de Machuca, en Segovia, Antioquia, el 18 de octubre de 1998.   Allí también murió su hijo Nayíber Asdrúbal, de 7 años, y quedó herido su otro pequeño, Edward Esteban.  "Hoy rompo mi silencio porque como víctima este país no se ha acordado de mí -dice la mujer que reclama para ella y su hijo ayuda humanitaria-. Estoy vivita, eso les he dicho a los señores del Gobierno porque después de que estuve en la clínica tres meses me dicen que la ayuda humanitaria es para los muertos".

Después de siete años le pide a Acción Social que resuelva su situación. "Si uno no protesta en este país nadie le para bolas -asegura-. Pero vengo a Bogotá y encuentro que en el Congreso no están los padres de la patria para escucharnos, que todo el mundo cree que ya nos dieron las ayudas a todas las víctimas de Machuca, y que si me hubiera muerto mi familia podría de pronto reclamar alguna ayuda".

Publicidad
Enlaces de texo