Caminante sí hay camino

El ejemplo de Gustavo Moncayo es la inspiración de miles de víctimas de la violencia para hacerse oír en todo el país. Foto: David Osorio / Cambio

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A marchar se dijo

Las víctimas están saliendo a pedirle al país que se pellizque antes de que la situación empeore.  En el Congreso, en la Plaza de Bolívar, en la Plaza de los Artesanos, en las vías entre Cauca y Bogotá y en Antioquia, víctimas de los paramilitares, las guerrillas y el mismo Estado se hicieron visibles esta semana de distintas maneras.

Pese a las amenazas de los grupos armados, a la indiferencia de los gobernantes, a la displicencia de los congresistas, a la tardanza en las ayudas, al riesgo que implica salir a protestar, las víctimas hoy gritan en las calles y a su paso arrastran más voces.

Un estudio del Centro de Investigación y Educación Popular, Cinep, liderado por el investigador Fernando Sarmiento, revela que por encima de la pobreza, el TLC, los recursos para la educación pública o la falta de garantías salariales, la razón que hoy más mueve a los colombianos a protestar en las calles es la ausencia de paz, la violación de los derechos humanos, las infracciones al Derecho Internacional Humanitario o cualquier tipo de manifestación violenta.

Según la investigación, si entre 1990 y 1997 hubo 163 marchas, movilizaciones y concentraciones por la paz, la cifra ascendió a 472 entre 1998 y 2006. "Sorpresivamente la mayoría de marchas con este propósito ha ocurrido en el  Gobierno del presidente Álvaro Uribe", dice Sarmiento. Entre agosto de 2002 y diciembre de 2006 se contabilizaron 248 y en lo que va de 2007 ya hay un récord histórico. "Las víctimas del conflicto y quienes se solidarizan con su causa son ahora las que están saliendo a marchar", añade el investigador.

En momentos en los que el Gobierno aduce que hay una reducción en la confrontación armada, cuando hay un proceso con las Auc y conversaciones con el Eln y pese a que con las Farc no hay acercamientos, las voces contra la guerra se multiplican y las víctimas ruegan por un espacio. La razón, coinciden varios analistas, es que sólo hasta ahora empiezan a hacerse visibles, pues el protagonismo lo ha tenido -y lo quieren seguir teniendo- los victimarios. "El caso del profesor Moncayo es sólo una expresión del levantamiento de los que hasta ahora eran consideradas 'los sin voz'", dice el ex procurador Jaime Bernal Cuéllar, defensor del acuerdo humanitario.

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