López 'el pollo' López 'el gallo'

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ESCRIBO ESTA nota para la revista CAMBIO en medio de la tribulación que me genera la partida del viejo amigo, compañero y hombre de cuyas calidades se ocupará la Historia dada la dimensión inconmensurable de su obra.

Alfonso López Michelsen tenía sus raíces profundas en la provincia del Valle de Upar, donde nació su abuela Rosario Pumarejo Cotes de López. Con justa razón, al admirar a las bellas mujeres vallenatas, el presidente López insistía que en cada una de ellas buscaba el rostro de la mujer que lo ligó para siempre a nuestra tierra.

Cuando lo conocí hace ya 10 lustros en la Plaza de Valledupar -hoy Alfonso López Pumarejo-, me sorprendió que aquel cachaco refinado en alta escuela, se conmoviera con genuino sentimiento con las notas de los acordeones de Luis Enrique Martínez, Emiliano Zuleta, Juan Muñoz, Alejo Durán y Colacho Mendoza, y degustara de memoria aquellos versos pueblerinos que no parecían hechos para el paladar de la excluyente aristocracia vallenata.

Aquella era la época de los que él llamaba "versos descalzos" por la sencillez vernácula de sus creadores.  Él se encargaría de "calzarlos" y de hacerlos caminar ya no sólo por tablados del pueblo, sino más tarde por las alfombras del palacio presidencial.

"El Cesar es el espejo de la patria", dijo López el día de su posesión como primer gobernador de Cesar ante el entonces presidente Carlos Lleras Restrepo y su ministro de Educación, Octavio Arizmendi Posada. Y desde entonces se encargó de que los valores culturales de su tierra adoptiva se convirtieran en luminoso espectro del arte nacional.

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