CONOCÍ A Alfonso López Michelsen cuando él era canciller del gobierno Lleras Restrepo y yo un imberbe secretario general de Planeación Nacional. Fue extremadamente generoso al compartir su amistad y su sabiduría y al apoyar decididamente las iniciativas de quienes apenas comenzabamos por entonces nuestra vida pública. Cuando el joven equipo directivo de Planeación Nacional se vio obligado a renunciar en masa en 1970 tras un fuerte enfrentamiento con el ex presidente Misael Pastrana, López fue el único líder político que nos apoyó públicamente. Pocos años después, al ser elegido presidente, me llamó a colaborar con él a sabiendas de que no había votado por su candidatura. Así se jugó su capital político en la reforma tributaria de 1974, preparada por un equipo de técnicos bajo mi dirección, que modernizó nuestro sistema tributario, aumentó considerablemente los recaudos y eliminó muchos privilegios que beneficiaban a intereses poderosos.
Con igual coraje, y siguiendo las recomendaciones de un estudio sobre el tema que habíamos hecho en Fedesarrollo con Hernando Gómez Otálora, llevó a cabo un viraje absoluto en materia de política petrolera y minera que devolvió al país su condición de exportador de petróleo y lo convirtió, además, en exportador de carbón. Apoyó a Rodrigo Botero en su política de reducción de deuda externa en un período en el cual el resto de América Latina se endeudaba como loca, lo cual evitó que Colombia padeciera la crisis de los 80 que azotó a los demás países de la región.
Después de su paso por la Presidencia, López continuó siendo un desinteresado consejero y un gran apoyo para muchos de nosotros. Se me ocurre una larga lista de servidores públicos de varias generaciones a quienes ayudó de la misma manera. Si bien podía ser ácido con sus contradictores, fue un hombre alegre, "gocetas" y excepcionalmente cálido con sus discípulos y amigos.
En el campo político, hay un episodio que resume no sólo su autoridad como ex presidente sino su visión. Aun cuando López fue crítico de la Constitución de 1991, la verdad es que tuvo una profunda influencia sobre la Asamblea, especialmente a través de las Cartas a un Constituyente, que publicó antes de su iniciación. En particular, en ellas insistió en que una Constitución moderna debía ocuparse del tema de los servicios públicos, pues no había otro tema de la acción del Estado que afectara e interesara más a los ciudadanos. Sus argumentos nos llevaron a tratar este asunto y a lograr un amplio acuerdo para establecer que el sector privado y la comunidad organizada tenían el derecho de participar en la prestación de los servicios públicos, dentro de un marco legal dictado por el Congreso y bajo regulación y supervisión estatal que garantizara el acceso de todos y la protección de los usuarios. Gracias a ello, Colombia es uno de los países latinoamericanos donde la participación privada en estas áreas ha sido más exitosa y menos conflictiva.
Este es uno de los muchos ejemplos de una gran lección que nos dejó López: cómo con ideas es posible hacer política con mayúscula y dejar una profunda huella.
Durante mucho tiempo se dijo que cada vez que Lopez hablaba, o escribía, ponía a pensar al país. Añadiría que no solo a pensar, sino a actuar.
*Ex ministro y constituyente del 91.