López el Político

Con Julio César Turbay, cuya alianza se conoció como el turbolopismo. Foto: Archivo Cambio

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SI ALFONSO LÓPEZ MICHELSEN no se hubiera dedicado a la política a fines de los años 50, cuando fundó el MRL y estaba a punto de cumplir medio siglo de vida, habría sido recordado únicamente como el hombre que, casi 20 años antes, habia protagonizado el escándalo que contribuyó a la caída de su padre, Alfonso López Pumarejo. El enredo de la Handel, uno de esos negocios tan incomprensibles que resulta casi imposible decir si López Michelsen era culpable o inocente, lo dio a conocer y puso en graves aprietos a su padre: tanto la oposición conservadora como la vertiente liberal más retardataria distanciada del viejo López, lo utilizaron como ariete para derribar los muros que sostenían su ya frágil segunda Presidencia.

Ese ingreso tardío a la política lo hizo López Michelsen  por la puerta de los rebeldes, opuesto a buena parte del pacto liberal-conservador que había dado nacimiento al Frente Nacional y que había sido plenamente bendecido por su padre. Criticó duramente la alternación presidencial, la cláusula del pacto que comprometía a liberales y conservadores a rotarse la Presidencia durante cuatro mandatos, del 58 al 74.

La insurgencia de López contó con el apoyo de sectores de izquierda en regiones donde dirigentes comunistas tenían un pie en la legalidad y otro en la guerrilla, como sucedió con Juan de la Cruz Varela en el Sumapaz. Era la consecuencia de un Frente Nacional excluyente, que había dejado por fuera a la izquierda legal y en cierta medida obligaba a sus dirigentes a irse al monte. Lo hicieron, pero por el camino se aliaron con  el Compañero López, un aristócrata que se vestía en Londres y tomaba el té a las cinco, pero que encendía a las masas con citas revolucionarias y el apoyo al proceso cubano que lideraba Fidel Castro.

A mediados de los años 80, cuando murió Varela, como jefe de redacción de Semana llamé a López para pedirle una opinión sobre el legendario líder comunista. No pude reproducir sus palabras en el artículo. Eran impublicables. No era la primera vez que López hablaba mal de aquellos con quienes se había aliado. Ni sería la última.

Menos de ocho años después de fundar el MRL, López lo disolvió para integrarse al gobierno de Carlos Lleras Restrepo, quien lo nombró primero gobernador del César, departamento por cuya creación López había luchado, y luego canciller. El pacto de López con el Frente Nacional incluía una reforma constitucional que, paradójicamente, terminó por prolongar los alcances del amarre liberal-conservador más allá del 74, por medio de un inciso al artículo 120 que obligaba al Presidente a ofrecerle participación en el gabinete al partido derrotado. Para muchos 'emerrelistas', fue una traición. No era la primera vez que López se devoraba a uno de sus hijos. Trataría de hacerlo luego con tres de sus ahijados presidentes: Gaviria, Samper y Uribe, a quienes apoyó en campaña y con quienes luego peleó cuando ejercieron sus gobiernos.

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