Julio 14 de 2007

López el contradictor

Por el ex ministro Jaime Castro*

DISCREPAR DE LA verdad oficial, encontrar el lado oculto de las cosas, aproximarse a los problemas con enfoque original, polemizar y presentar  propuestas audaces,  fueron  los criterios que Alfonso López  Michelsen  utilizó como intelectual y dirigente político, como jefe de la oposición,  también como gobernante. Ese temperamento y esa manera  suya de hacer las cosas explican, en buena medida, su  ingreso a la política y la fundación del MRL.

Entre 1949 y 1957 desaparecieron las instituciones  republicanas y el Estado de Derecho. El Congreso fue cerrado por Ospina. En las  presidenciales de 1950  sólo  se presentó como candidato Laureano Gómez. Rojas Pinilla se tomó el poder en 1953. Una Asamblea Constituyente de bolsillo le prorrogó el "derecho" a ejercerlo hasta 1962. En  mayo del 57  Rojas se fue y "encargó" del mando a una Junta Militar. El ordenamiento jurídico fue sustituido por legislación de emergencia expedida con base en las facultades  del estado de sitio.

La Junta, integrada por cuatro generales y un contralmirante, decidió, por una de esas paradojas de nuestra vida pública, reordenar institucionalmente al país y acabar con el pandemonio que habían creado los civiles. Encontró que "uno de sus deberes fundamentales (era) tomar todas las medidas  conducentes a un rápido  y seguro  retorno a las tradicionales instituciones democráticas (y al) necesario tránsito del Gobierno hacia los  cauces normales". Para lograrlo, creó la Comisión Paritaria de Reajuste Institucional con los ex presidentes de la República y destacadas figuras -Guillermo León Valencia, Carlos Lleras,  José Antonio  Montalvo, López de Mesa, Gilberto Alzate y Alfonso López Michelsen-.

La Comisión encontró  la fórmula que permitió hacer el "reajuste" buscado y terminar la guerra civil liberal-conservadora que había causado 300.000 muertos. Esa fórmula fue el plebiscito que el pueblo aprobó el 1º de diciembre de 1957 y que puso "en pie de  igualdad" a los partidos tradicionales: ordenó la paridad entre liberales y conservadores en todas las corporaciones públicas -concejos, asambleas y Congreso- y  el Ejecutivo -gabinete ministerial, gobernaciones y alcaldías-. Del acuerdo político que el plebiscito volvió norma  constitucional  no hizo parte la Presidencia de la República porque no se dispuso que correspondiera a uno u otro partido, ni que fuera ejercida de manera alternativa.Se entendió y dijo, que el pueblo decidiría libremente en las urnas a qué partido la otorgaría cada cuatro años. Se agregó que la paridad institucionalizada evitaría la hegemonía y los abusos que pudieran  intentar  los partidos.

De ese acuerdo político hacía parte la candidatura de Guillermo León Valencia para el periodo 1958-1962. Pero la división conservadora -laureanistas vs. ospinistas- y el peso  político de Alberto Lleras dieron al traste con la candidatura conservadora. En la opinión se impuso la de quien era un hecho en la conciencia nacional: Alberto Lleras, elegido como primer Presidente del Frente Nacional, que fue el nombre dado al sistema y la forma de gobierno que organizó el plebiscito.

Los conservadores protestaron, dijeron que les habían puesto conejo porque el presidente debía ser Valencia.  Exigieron reformar la Constitución  para disponer, como en efecto se hizo mediante acto legislativo de 1959, que los tres periodos siguientes fuesen, en su orden, para un conservador, un liberal y un conservador.

El trámite y aprobación de la que se llamó alternación en la Presidencia  sirvió para que López  apareciera  como el gran contradictor de todo el establecimiento político y  fundara el MRL, la más creativa e importante disidencia que ha tenido el Partido Liberal en toda su historia. Ante la necesidad de darle forma política a las ideas de López, el movimiento se  funda con jóvenes "sin prestigio ni experiencia electoral". Sin  embargo, se abre paso y años más tarde hace aportes válidos al gobierno de Carlos Lleras.

La presencia de López en la vida política nacional comienza con la carta  que envía a un imaginario corresponsal suyo, en la que hace duras críticas a la alternación y realiza  juicioso análisis político y jurídico de lo que debe ser el funcionamiento del esquema gobierno-oposición. Sostiene que a ésta última se le reconocen y garantizan sus derechos con la paridad institucionalizada en el plebiscito, en cuya redacción él participó, y agrega que la Presidencia  pactada  constitucionalmente, o sea la alternación, termina institucionalizando un partido de Gobierno, el del Frente Nacional, que ejercerá el poder hegemónicamente y  sacrificará los intentos de hacer oposición por las vías  democráticas desde y en el interior del sistema mismo.

Por esa razón de fondo, López rompe con el establecimiento político. Con el de su propio partido, que dirigen Alberto Lleras -en ese momento presidente en funciones-, Carlos Lleras, Darío Echandía y Julio César Turbay Ayala. También con el del Partido Conservador  que, por  interés, pide la alternación. Con la Iglesia y los medios que consideran sagrados los acuerdos  políticos  de la cúpulas partidistas. Y con los mandos de las Fuerzas Armadas que ven con  reservas a quien se ha declarado partidario de la naciente Revolución Cubana. Todos consideran a López enemigo de la paz. Piensan que sin alternación volverá la guerra  liberal-conservadora.

El desafío de López al establecimiento es mayor cuando decide presentarse como candidato presidencial en 1962, a pesar de que el turno, por disposición constitucional expresa, era para un conservador. Argumenta que si el pueblo lo elige debe aceptarse que el constituyente primario ha derogado la alternación en las urnas. No sale elegido pero le pone más de 600.000 votos que bastante le servirían  para su futuro político.

López se defiende de las múltiples andanadas del establecimiento con inteligencia, ideas,  capacidad de lucha,  imaginación, habilidad política, humor, a veces negro,  audacia  y propuestas  ingeniosas, que son otras de las  múltiples facetas de la rica personalidad de jefe que,  además, crea una verdadera escuela  de liderazgo porque al lado suyo se forman  valiosos  dirigentes del liberalismo. López es el último de los grandes en el Partido. Entre los que ocupan ahora la escena no se ve su reemplazo. ¿Cuándo le dará el liberalismo otro estadista de talla al país?

* Ex ministro, constituyente del 91 y ex alcalde de Bogotá.

Ver Términos y Condiciones.

COPYRIGHT © 2007 CEET Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin autorización escrita de su titular.