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Juntos hicimos un viaje a varios países de la Europa Oriental y allí compartimos largos ratos analizando los sucesos de Colombia y buscando la manera de sustituir el Frente Nacional por un verdadero gobierno democrático en el que tuvieran cabida todos los sectores de la sociedad, y así se fuera desmontando el régimen oprobioso en el que no cabían sino los que tenían el rótulo de liberal o conservador.
Después de los actos oficiales pasábamos largas noches en vela estudiando las mejores soluciones para remediar las angustias y necesidades de los más humildes y necesitados. "Hay que acabar con esta odiosa manguala liberal-conservadora que nada benéfico ha hecho", decía y le ponía énfasis a sus afirmaciones. Aquello era una cátedra de política y de humor negro, como él sabía manejarlo. La sátira fina y oportuna era su arma predilecta. Pero sobre ella sobresalía el silogismo irrefutable. Quien lo escuchaba quedaba asombrado por la consistencia férrea de sus argumentos. Todo esto era un deleite.
En las elecciones de 1970, cuando el general Rojas ganó ampliamente la contienda, y el fraude y el Gobierno le robaron el triunfo, sus amigos votaron por mi padre. Más tarde, en las elecciones de 1974, concurrimos como candidatos el doctor López, Álvaro Gómez y yo. Nos desplazamos por todos los rincones de Colombia y muchas veces coincidíamos en municipios y corregimientos. Cuando llegaba primero, en su discurso les decía a sus amigos: "Dentro de pocas horas vendrá María Eugenia, les pido que la reciban con respeto y aplausos pero piensen en el voto útil". Y así me recibían. Naturalmente, el resultado de las urnas fue a su favor.
Le gustaba venir a mi casa, le encantaba comer el sancocho santandereano que se preparaba a la manera bumanguesa o malagueña; me indicaba los amigos que quería ver, con los cuales dialogaba amenamente: Carlos Ardila, Olga Duque, Ivonne Nicholls, Hernando Santos, Álvaro Escallón, Carlos Urdaneta y muchos otros a quienes les profesaba estimación y afecto. No podía faltar el trío del maestro Fernández, experto en música vallenata, una de sus debilidades. Nadie como él conocía el misterio escondido del Valle de Upar, de donde fue primer gobernador y en donde no le perdonaban que faltara a las fiestas anuales del vallenato. Amigo sincero del maestro Escalona, se admiraban mutuamente. Sabía tanto de compositores y cantantes como él y conocía los autores de las mejores canciones que cada año se estrenaban en el Festival. A Fernández le pedía que tocara las que más le gustaban; los del trío ya sabían cuáles eran y se las cantaban tan pronto lo veían. Desde ese momento, sólo tocaban para él.
La Niña Ceci lo acompañaba a todas partes y disfrutaba viéndolo gozar. ¡Qué modelo de compañera, esposa y amiga! Por eso el pueblo y las clases altas la quieren tanto. ¡Qué bella imagen de mujer tenemos!