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Y así parecía ser cuando ocurrió el episodio de la bomba en la Escuela Superior de Guerra donde el presidente Uribe, en un encendido discurso, volvió a privilegiar el rescate militar en contra de las posibilidades de una salida humanitaria al cautiverio de los secuestrados. El ex presidente López no se arredró ante el nuevo hecho. Al contrario, le recordó al Gobierno, en una conferencia en Cali, que el derecho humanitario no se instituyó para terminar las guerras sino para humanizarlas y que la ocurrencia de episodios violentos, como el de la Escuela, no eran razón para abandonar sino, al contrario, para redoblar los esfuerzos en la tarea de humanización del conflicto. Los familiares comenzaron a desesperarse porque pensaban -con razón- que la definición de la opción militar como única estrategia de salvamento era una especie de condena anticipada a muerte de sus seres queridos en la selva.
Le propuse entonces al ex presidente López que respondiéramos con la creación de una Coordinadora para el acuerdo humanitario en la cual pudiéramos hacer converger los esfuerzos de quienes, por distintos caminos, estábamos luchando por esa bandera. La convocatoria encontró generoso eco en algunos dirigentes como Lucho Garzón, Angelino Garzón, Aníbal Gaviria, Carlos Rodado y Cielo González, alcaldesa de Neiva. En la primera reunión decidimos poner unas vallas gigantescas con las fotos de todos los secuestrados pidiendo el acuerdo; la primera fue puesta en el mismo edificio de la Gobernación del Valle, la segunda en la Alcaldía de Bogotá.
Los hechos más recientes en torno a esta última causa del ex presidente, como la excarcelación unilateral de guerrilleros por parte del Gobierno, que López consideró acertadamente como una provocación inútil contra las Farc y el asesinato de los once diputados del Valle, consiguieron, por primera vez, hacer mella en su firme voluntad de luchar por el acuerdo; así lo noté en la última conversación que sostuvimos, pocos días antes de su fallecimiento, cuando se quejó, con pesar, de que no había tenido fuerzas suficientes para ir a Cali a solidarizarse con las familias de los diputados muertos y me agregó, premonitoriamente, que pensaba que tampoco le quedaba vida suficiente para llegar a ver firmado el acuerdo. Yo, lo confieso, estaba en la misma tónica de abatimiento; le dije que, al paso que íbamos, con cada día más secuestrados muertos y guerrilleros excarcelados, en poco tiempo ni siquiera se necesitaría el intercambio porque no habría con quien hacerlo. Me respondió que el problema era que el tema había quedado reducido a un pulso político entre el gobierno y las Farc, en medio de la guerra, por el tema del despeje y me repitió, al despedirse, la misma tesis que le había escuchado unos días antes en una cadena radial y que hoy puede considerarse como el lapidario epílogo de esta tragedia "El problema -me dijo- es que el Gobierno no está buscando una solución sino una victoria".
* Ex presidente de la República.