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Ya como presidente (1974-1978) y teniendo como canciller a Indalecio Liévano Aguirre, López desarrolló una política de gran protagonismo internacional y regional. Concurrieron para el éxito de su gestión circunstancias internacionales positivas como el fin del gobierno de Nixon y las nuevas políticas de los Estados Unidos bajo el presidente Ford y, especialmente, el presidente Carter.
Otro hecho afortunado fue haber coincidido su gobierno con el de Carlos Andrés Pérez en Venezuela y Daniel Odúber en Costa Rica, cuyos enfoques concurrían con los de López. El Gobierno de Cuba estaba excluido del sistema interamericano desde 1964 y, por mandato colectivo, los otros Estados del continente no podían tener relaciones diplomáticas con ese país.
Pero los tiempos habían cambiado, el mundo bipolar se aflojaba, en Estados Unidos se tenía una visión más pragmática y Fidel Castro ya no proponía su política de exportar la Revolución. Colombia, con el acompañamiento de Venezuela y Costa Rica, lideró el proceso que culminó con el levantamiento de las sanciones a Cuba y con la libertad para que cada país restableciera relaciones con la Isla, si así lo consideraba. Durante su gobierno, López Michelsen restableció estas relaciones.
López Michelsen se convirtió en elemento central del proceso que concluyó con el Tratado Torrijos-Carter, por el cual Panamá recuperó la plena soberanía sobre la Zona del Canal y obtuvo la propiedad del mismo. Para ello fueron determinantes la persistencia y capacidad del general Omar Torrijos y el apoyo de Colombia, Costa Rica y Venezuela. Pero, tal vez, uno de los logros más importantes del gobierno de López en el campo internacional fue la conclusión de tratados con Panamá, Ecuador, República Dominicana y Haití, para delimitar sus fronteras marítimas. En ello Colombia fue pionera, cuando apenas se iniciaba el desarrollo del Derecho del Mar, y además duplicó su territorio y le quitó piso a lo que en el futuro podría haber sido un semillero de problemas.
Durante los últimos 30 años, López Michelsen continuó con sus aportes al país en el campo de las relaciones internacionales. En la Comisión de Relaciones Exteriores brilló por su claridad y sus conceptos, y aportó su experiencia en asuntos tan importantes como las relaciones con Venezuela y el contencioso con Nicaragua. En el campo partidista propuso, persistentemente, la conversión del Liberalismo en un partido social-demócrata y su afiliación a la Internacional Socialista cuando, en su época de oro, esta dejaba su carácter etnocentrista y se abría a Latinoamérica. Su propuesta no sólo contenía un elemento modernizante para el partido sino que era concebida como una herramienta que facilitaría la política exterior. Tal fue el caso durante la campaña fallida para la reelección, en cuyo centro estaba la paz. Para lograrla, en las circunstancias del momento, era de utilidad actuar en el conflicto centroamericano, tal como lo hizo el candidato vencedor, Belisario Betancur quien, en este asunto y en otros, tomó las ideas de campaña del candidato derrotado.